Un enorme agujero de hielo marino, conocido científicamente como polinia, apareció durante el invierno de 2024 en la bahía de Breid, en la Antártida Oriental, con una superficie máxima de 89 mil 121 kilómetros cuadrados, un tamaño ligeramente menor al territorio de Portugal.
El fenómeno llamó la atención de los científicos debido a que la bahía normalmente permanece cubierta por hielo marino durante los meses de julio y agosto. Sin embargo, imágenes satelitales captadas en agosto de 2024 mostraron una extensa zona de agua abierta rodeada por hielo.
Un equipo de investigadores de India, encabezado por el geocientífico Jeebanjyoti Swain, analizó las condiciones que propiciaron la formación de esta polinia y publicó sus resultados en la revista científica Geophysical Research Letters.
De acuerdo con los investigadores, la formación de la polinia fue resultado de una combinación de condiciones atmosféricas y oceánicas extremas.
Entre julio y agosto de 2024 se registraron seis intensos ríos atmosféricos, conocidos como “ríos en el cielo”, que transportaron grandes cantidades de aire cálido y humedad desde latitudes más bajas hacia la región antártica.
Estos sistemas estuvieron acompañados por un flujo persistente de aire hacia el sur que desplazó el hielo marino y favoreció condiciones que dificultaron su crecimiento.
Los científicos explican que los ríos atmosféricos provocaron un incremento de la radiación de onda larga hacia la superficie, calentamiento de la atmósfera y precipitaciones en forma de nieve relativamente cálida, además de contribuir a un flujo de calor hacia el océano.
El fenómeno también estuvo relacionado con el comportamiento de las aguas bajo la superficie.
Los fuertes vientos provocaron un proceso conocido como succión de Ekman, mediante el cual el desplazamiento del agua superficial favorece el ascenso de aguas subsuperficiales.
En este caso, el proceso llevó hacia la superficie agua circumpolar superior más cálida, lo que incrementó la temperatura y la turbulencia de las capas superiores del océano.
Al mismo tiempo, se registraron olas de calor marinas, condiciones que, de acuerdo con los investigadores, contribuyeron a inhibir la formación del hielo marino.
La combinación de estos factores permitió que una amplia zona permaneciera libre de hielo durante el invierno antártico.
El hielo marino que rodea la Antártida se forma y desaparece naturalmente durante el año y, debido a que flota sobre el océano, su desaparición no representa por sí misma un aumento directo del nivel del mar.
Sin embargo, los investigadores señalan que el hielo marino cumple funciones importantes como una zona de amortiguación para las plataformas de hielo y los glaciares antárticos.
Una menor extensión de hielo marino puede dejar una mayor superficie de las capas de hielo expuesta al océano, cuyas aguas más cálidas pueden favorecer procesos que preocupan a la comunidad científica por su posible relación con la pérdida de hielo continental.
Además, el hielo marino desempeña un papel relevante en los ecosistemas antárticos, ya que numerosas especies dependen de los ciclos de congelamiento y deshielo para sostener las redes alimentarias de la región.
El equipo de investigación plantea que las polinias podrían volverse más frecuentes en algunas regiones de la Antártida bajo escenarios de calentamiento climático.
Los científicos señalan que un aumento en la intensidad de los ríos atmosféricos, una mayor frecuencia o duración de las olas de calor atmosféricas y marinas y el calentamiento de las capas superiores del Océano Austral podrían favorecer condiciones similares.
La investigación también ocurre en un contexto de baja extensión del hielo marino antártico. Los investigadores destacan que los últimos años han concentrado varios de los registros más bajos de hielo marino invernal.
El estudio sobre la polinia de la bahía de Breid busca comprender cómo la interacción entre la atmósfera y el océano puede generar cambios rápidos en la cobertura de hielo marino y cuáles podrían ser sus implicaciones para el sistema climático y los ecosistemas de la Antártida.
Con informacion de Science Alert