Los peces tienen una “caja negra” y científicos pueden leer lo que guarda

Imagen Los peces tienen una “caja negra” y científicos pueden leer lo que guarda

Por: José de Aquino
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Los peces poseen en su oído interno pequeñas estructuras capaces de conservar información sobre buena parte de su historia: permiten conocer su edad, crecimiento, desplazamientos e incluso obtener información relacionada con la temperatura del agua en la que vivieron.

Se llaman otolitos y Francisco Javier López Rasgado, investigador postdoctoral de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los define como una especie de “caja negra” de los peces.

El especialista participa en el 1er Congreso Latinoamericano sobre Peces Marinos: Ciencia y Sociedad, realizado en el Acuario de Veracruz, donde imparte junto con otros investigadores un curso sobre estimación de edad y crecimiento de peces marinos.

“El otolito es la caja negra de un pez. Te permite saber todo acerca del pez”, explicó.

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¿Cómo pueden saber cuántos años tiene un pez?

López Rasgado explicó que los otolitos son estructuras ubicadas en el oído interno que ayudan al pez a orientarse en la columna de agua durante el nado y también participan en la percepción de sonidos.

Pero para los científicos representan además una herramienta para conocer cuántos años vivió un ejemplar.

Al igual que ocurre con los anillos de crecimiento de los árboles, en los otolitos se forman bandas relacionadas con periodos de crecimiento, que los especialistas analizan para estimar la edad.

“Vamos contando anillos de crecimiento. Entonces, pues un año, dos años, tres años”, detalló.

De acuerdo con el investigador, en trabajos realizados con diferentes organismos han encontrado ejemplares con edades estimadas de 24 y hasta 30 años.

También los tiburones y rayas revelan su edad

El procedimiento cambia cuando se estudian tiburones y rayas.

En estos organismos pueden utilizarse las vértebras, las cuales son extraídas, limpiadas y sometidas a diferentes procedimientos para observar sus bandas de crecimiento.

A través de estas estructuras es posible reconstruir cómo creció el animal durante distintas etapas de su vida.

Las muestras utilizadas para este tipo de investigaciones provienen principalmente de organismos previamente capturados por flotas pesqueras o de ejemplares obtenidos mediante trabajos científicos realizados con los permisos correspondientes de las autoridades federales.

El otolito guarda mucho más que la edad

La información que puede obtenerse de un otolito va mucho más allá de saber cuántos años tenía el pez.

Mediante el análisis de elementos traza e isótopos, los investigadores pueden obtener indicios sobre el origen natal del ejemplar y los diferentes hábitats o ecosistemas que ocupó durante su ciclo de vida.

También es posible analizar información relacionada con las temperaturas experimentadas por el organismo.

“Podemos estimar, sobre todo con organismos ya muy grandes, si la temperatura ha cambiado drásticamente en los últimos 30, 40 años”, señaló López Rasgado.

Esta característica abre una posibilidad particularmente interesante: utilizar colecciones históricas de otolitos para estudiar cambios ocurridos en el océano durante décadas pasadas.

El investigador explicó que existen científicos que conservan colecciones de estas estructuras correspondientes a diferentes periodos, las cuales pueden utilizarse para realizar cálculos retrospectivos relacionados con la temperatura marina.

Cada pez tiene seis otolitos

Los peces poseen tres pares de otolitos, es decir, seis en total.

Estos son conocidos como sagitta, lapillus y asteriscus. Para los estudios de edad y crecimiento, explicó López Rasgado, generalmente se utiliza la sagitta, debido a que es la estructura de mayor tamaño y facilita la lectura de los anillos.

El especialista destacó que investigaciones de este tipo adquieren relevancia frente a los cambios que experimentan los ecosistemas marinos, debido a que las variaciones de temperatura pueden influir en la distribución, abundancia y supervivencia de distintas especies.

Además, señaló que encuentros como el Congreso Latinoamericano sobre Peces Marinos permiten acercar a investigadores, académicos y pescadores para intercambiar conocimientos encaminados al manejo, conservación y preservación de los recursos marinos.

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