En un mundo donde las pantallas compiten con las páginas, hay quienes apostaron por los libros y están ganando terreno. En Veracruz, un grupo de salas de lectura está logrando algo que muchos consideraban casi imposible: que los jóvenes vuelvan a leer, y que además lo disfruten. Detrás de ese esfuerzo hay voces como la de María del Rocío Audelo León, maestra de la Universidad Veracruzana y mediadora de salas de lectura, quien lleva años trabajando para que las letras dejen de sentirse como una obligación y empiecen a vivirse como una experiencia.
El secreto, dice Audelo León, no está en imponer lecturas ni en llenar a los jóvenes de títulos clásicos que no pidieron. Está en escucharlos. En saber qué les inquieta, qué quieren aprender, qué los mueve. A partir de ahí, la tarea del mediador es guiarlos hacia textos que les hablen de verdad.
"Primero hay que escucharlos y después hay que atender cuál es su necesidad en lectura y a partir de ese momento poderles dar lo que ellos necesitan. En ocasiones no lo saben, pero uno los va guiando, los va llevando para una lectura amena y también reflexiva".
María del Rocío Audelo León, mediadora de salas de lectura
Ese enfoque lúdico y personalizado es justamente lo que distingue a las salas de lectura de un salón de clases convencional. No hay exámenes, no hay calificaciones. Solo libros, conversación y el espacio para que cada persona encuentre su propio camino entre las páginas.
Quizás sorprenda saber que los jóvenes veracruzanos están leyendo a Augusto Monterroso, el maestro del microcuento latinoamericano, o sumergiéndose en los mundos oscuros de Edgar Allan Poe y en las selvas inquietantes de Horacio Quiroga. Según Audelo León, la clave está en ofrecer variedad y dejar que sean ellos quienes pidan.
El microcuento, en particular, ha resultado una puerta de entrada ideal. Su brevedad no asusta, pero su profundidad obliga a pensar. Y eso es exactamente lo que busca la mediación lectora: que los jóvenes no solo lean, sino que reflexionen sobre lo que leen y lo conecten con su propia vida.
"Ahorita estamos viendo el microcuento de Augusto Monterroso y entonces ellos empiezan a reflexionar cuál es su labor en la vida, qué hacen, para qué".
María del Rocío Audelo León, mediadora de salas de lectura
La diversidad de temas y géneros es otro de los pilares. No todo es narrativa literaria: también hay espacio para la poesía, los cómics y cualquier formato que funcione como gancho. Porque en las salas de lectura, lo importante es que la puerta esté abierta, no importa por cuál ventana entres.
Una de las preguntas que más se les hace a los mediadores es cómo pueden ayudar los padres desde casa. La respuesta de Audelo León es clara y no requiere grandes esfuerzos ni presupuesto: empezar pequeño, pero empezar.
"Que se acerquen también ellos a la lectura, una lectura puede ser pequeña, no necesita ser una novela extensa, pero que empiecen por cuentos y poesía. La poesía es enriquecedora en todo, en vocabulario, en emoción, en el acercamiento a su vida".
María del Rocío Audelo León, mediadora de salas de lectura
La mediadora recuerda con afecto una lección que aprendió de su propia abuela, quien le pedía que le leyera un cuento aunque fuera uno. Ese pequeño hábito, repetido con cariño, fue lo que fortaleció en ella el amor por las letras. Y eso mismo puede replicarse en cualquier hogar veracruzano.
La recomendación es concreta: dejar que los hijos también les lean a los adultos. Ese intercambio de roles tiene un efecto poderoso en la autoestima lectora de los más jóvenes, porque los convierte en protagonistas y no solo en receptores.
Lo que más llama la atención de las salas de lectura en Veracruz y Boca del Río es la transformación que viven quienes las frecuentan. Hay casos de adolescentes de secundaria y bachillerato que llegaron por cumplir una tarea y terminaron involucrándose tan profundamente que hoy son ellos mismos quienes ayudan a otros a descubrir los libros.
También llegan familias completas: padres que asisten y traen consigo a sus hijos pequeños, quienes terminan siendo los lectores más entusiastas del grupo. La dinámica es abierta, diversa y, sobre todo, humana.
Entre los géneros y formatos que han probado ser efectivos para enganchar a distintos perfiles de lectores se encuentran:
Para quienes quieran sumarse o llevar a sus hijos, las salas de lectura tienen un punto de encuentro fijo y accesible. La sala "500 Años", coordinada por el licenciado Juan Carlos Ocampo, abre sus puertas todos los sábados de 12 del mediodía a 2 de la tarde, en la calle Mario Molina, entre 5 de Mayo e Independencia, en la ciudad de Veracruz. Ese es el espacio principal, aunque Audelo León deja claro que la red es mucho más amplia.
No hay que registrarse ni llevar nada especial. Solo ganas de leer, o curiosidad suficiente para descubrir si los libros tienen algo que decirte. Porque según quienes ya lo vivieron, casi siempre tienen más de lo que uno esperaba.
Foto: Tomada de redes sociales