Hay productos que uno compra sin pensar demasiado en todo lo que hay detrás y el azúcar es uno de ellos porque lega a la mesa, se usa en el café, en los postres, en la cocina diaria, y pocas veces alguien se pregunta de dónde viene exactamente ni cuántas manos participaron para que llegara hasta ahí.
En Veracruz, una parte importante de esa historia se escribe en Lerdo de Tejada, donde opera el Ingenio San Pedro, uno de los complejos azucareros más relevantes de la región. O al menos así era, hasta que el anuncio de su cierre sacudió a la comunidad y dejó a cientos de trabajadores sin certeza sobre su futuro.
Durante décadas, la actividad ha sido el sostén económico de miles de familias que, de forma directa o indirecta, han girado en torno a los ingenios.
Desde los cañeros que cultivan los campos hasta los operadores de maquinaria, los transportistas, los administrativos y los técnicos de planta: toda una cadena humana que mueve una de las industrias más antiguas del estado.
El Ingenio San Pedro es parte de ese engranaje. Su eventual cierre no es solo el fin de una empresa; representa una fractura en la economía local de Lerdo de Tejada y sus alrededores, una zona donde el azúcar no es solo un negocio sino una forma de vida.
Entender por qué este cierre importa tanto requiere conocer, aunque sea a grandes rasgos, lo que ocurre dentro de un ingenio.
Adriel Nantos Regueira, trabajador de base del Ingenio San Pedro, explica que el proceso no empieza cuando la caña llega a la planta; empieza mucho antes, en el campo.
"Ya una vez que la caña tiene el proceso de cosecha, su tiempo, se pasa a hacer el levantamiento de campo para ver si ya tiene el endulzante, una vez checado se levanta el censo y entra hacia las oficinas administrativas".
Antes de que una sola tonelada de caña entre al ingenio, ya hubo trabajo de análisis, medición y coordinación. Solo con el visto bueno de ese proceso se contrata a los cortadores de caña, se organiza la maquinaria y se dispone el transporte necesario para mover el producto del campo a la planta.
Una vez que la caña ingresa al ingenio, comienza una cadena de transformación que implica varias etapas técnicas. No es un proceso simple ni rápido, y cada paso tiene su razón de ser.
Cada uno de esos pasos requiere personal capacitado, maquinaria en buen estado y una gestión eficiente del campo. Cuando alguno falla, el impacto se siente en toda la cadena.
Las condiciones climáticas y los problemas en la administración del campo afectaron seriamente los rendimientos.
"Cuando una hectárea de caña no tiene el suficiente trabajo, el terreno o un problema de cultivo merma la zacarosa, merma el producto; este año hubo hectáreas que tuvieron un 50 o 70 por ciento (de producción), en parte por el mal tiempo o la administración del campo".
El anuncio del cierre del Ingenio San Pedro llegó sin que los trabajadores tuvieran una alternativa clara a la vista. Cientos de empleados de base, técnicos, operadores y personal de campo quedaron en un limbo laboral que todavía no tiene resolución.
Para muchos de ellos, el ingenio no es solo un empleo, es el único empleo. En municipios como Lerdo de Tejada, donde la economía gira en torno a la agroindustria azucarera, el cierre de un complejo de esta magnitud sacude los cimientos de la vida cotidiana.
Las familias que dependían del salario quincenal del ingenio, los comercios que vivían de esa derrama económica, los proveedores locales: todos resienten el golpe.
La industria azucarera veracruzana enfrenta desde hace años presiones diversas: competencia del mercado internacional, variaciones en el precio del azúcar, costos de producción en aumento y problemas estructurales en el campo cañero.
El caso del Ingenio San Pedro pone sobre la mesa una pregunta que muchos preferirían no hacerse: ¿Cuántos ingenios más están en riesgo?
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