Hoy en día, es común observar a padres de familia que realizan las tareas escolares de sus hijos para asegurar que cumplan a tiempo. Ante cualquier duda, contactan directamente al profesor para que se las resuelva a ellos; de no obtener respuesta inmediata, surge la molestia, especialmente en contextos de educación privada.
Anteriormente, la consigna era que los hijos debían resolver sus propios asuntos, desde las tareas hasta los conflictos escolares; solo se intervenía en situaciones extremas. Además, en las familias numerosas de antes, no había tiempo para gestionar las situaciones individuales de cuatro u ocho hijos.
En la actualidad, muchos padres reclaman calificaciones que consideran injustas, argumentando que el hijo "estudió mucho" o “entregó todo a tiempo”. Antes, si el niño no obtenía buenos resultados, la instrucción era que estudiará más, pues de lo contrario habría consecuencias; difícilmente se responsabilizaba al profesor. Al involucrarse de más, los padres se sienten con la autoridad de reclamar, pues su propio esfuerzo está de por medio.
Este fenómeno también se observa en la convivencia social: si hay pleitos entre niños, los padres intervienen de inmediato en lugar de permitir que ellos lo resuelvan. Antes, se dejaba que los pequeños gestionaran sus diferencias; si estos se peleaban y, al poco tiempo, ya jugaban juntos sin rencores. Hoy, hay padres que dejan de hablarse por conflictos de los hijos, aunque para los menores ya esté en el olvido y sigan jugando con el que una vez se pelearon.
Esta sobreprotección está generando que cuando los niños crecen y son adultos tengan alguno o varios de los siguientes aspectos: poca tolerancia a la frustración, no son resilientes, les cuesta trabajo resolver sus problemas solos, tienen una gran dependencia emocional, son indecisos para todo tipo de aspectos de la vida cotidiana, no tienen herramientas sociales y psicológicas para enfrentar los grandes retos de la vida. Por otro lado, también se estresan fácilmente, desarrollan ansiedad con facilidad, al igual que la depresión.
En 1969, el investigador Haim Ginott denominó a este fenómeno "padres helicóptero", refiriéndose a quienes están encima de los hijos sin permitirles madurar. Hoy, casi 60 años después, este problema es más visible que nunca.
Si queremos que las nuevas generaciones tengan herramientas para enfrentar el mundo adulto, es indispensable permitirles resolver los problemas correspondientes a su edad. Debemos enseñarles a realizar labores del hogar, a ser autónomos en sus tareas y a tomar decisiones, sin descuidar nuestra responsabilidad.
No se trata de permitir que sufran de violencia o que aprendan a base del dolor, sino de recordar cómo la autonomía que nos dieron nuestros padres nos permitió enfrentar el mundo con madurez.
Es vital acompañar el avance escolar sin fiscalizar cada detalle. Si el niño no comprende algo, debe buscar la solución o preguntar nuevamente al profesor; esto lo obliga a poner atención. Muchos pequeños dejan de atender en clase porque saben que en casa les resolverán todo.
Es importante fijarles límites a los hijos, a que aprendan, a que no pueden estar sin realizar sus actividades escolares, y que deberán de hacerlas, aunque no las comprendan, mi mamá me decía “hazlo como Dios te dé entender, se la llevas al maestro y que él te corrija”, y funcionó. Eso me obligaba a poner atención a la explicación del profesor y en caso de que no comprendiera, me permitía resolver problemas de manera autónoma, y aunque no siempre podía, el intento me servía para madurar y ejercitar mi mente.
Tenemos que lograr que las nuevas generaciones sean más resilientes; capaces de resolver problemas y nuevos retos, con valores de respeto a la sociedad y así mismos.
Es indispensables que muchos padres de familia, dejen de ejercer el control total sobre la vida de sus hijos y hagan el acompañamiento cotidiano, que le enseñen al hijo a resolver problemas y no resolvérselos, de lo contrario se está gestando un ser frustrado, depresivo, con ansiedad, con temores y con poca capacidad para enfrentar este mundo cada vez más complejo.
Apoyarlos sin asfixiarlos. Amarlos sin dominarlos.