En mi niñez, tomábamos agua directamente de la llave, de la manguera y del río, sin filtrar. Podíamos bañarnos y, al mismo tiempo, beber agua de la regadera. Sí se vendía agua para tomar, pero en garrafones de vidrio; los botes hechos de PET no abundaban.
A los 17 años, entré a comprar en un minisúper en la Ciudad de México, donde vendían productos europeos y americanos. Todo era caro para un joven de mi edad, pero la mercancía estaba destinada para los extranjeros que visitaban la ciudad. Ahí vi por primera vez una botella hecha de PET rellena de agua francesa, de precio muy elevado. Los extranjeros se negaban a tomar la nuestra, porque decían que tenía "bichos". Incluso, durante el Mundial de Fútbol del 86, algunas selecciones trajeron el vital líquido directamente de sus países.
En ese momento, pensé que era una tontería. ¿Quién iba a querer agua en botellitas? En el pueblo donde vivía, tocaba cualquier puerta y me daban toda la que quisiera. Jugábamos fútbol y, sin problema, pasábamos a la casa de cualquier doñita y tomábamos toda el agua que podíamos sacar de su pozo.
Hoy, existen islas de PET en los mares, montañas de plástico en el campo y en la ciudad, y tapones de este producto obstruyen los drenajes de las colonias. Desde luego, afean nuestras playas, algo que usted ya sabe, pero lo más preocupante de todo es lo que le está sucediendo a nuestro cuerpo: ese material se ha introducido en nuestro organismo. Sí, produce residuos que no percibimos a simple vista, micro y nanoplásticos, que se están concentrando en los principales órganos de nuestro cuerpo.
Claro que este plástico genera daños en nuestro organismo. Apenas se está estudiando, y lo que más preocupa es lo que puede causar en el cerebro. Todavía los investigadores no se ponen de acuerdo sobre el daño que puede generar, pero nadie acepta que sea bueno tener residuos derivados del petróleo en el corazón, las vías urinarias, los pulmones, la sangre, el cerebro, el hígado, los riñones, entre otros órganos.
En los cerebros de personas con Alzheimer y demencia senil se ha encontrado un exceso de plástico, como explica Sarah Romero en un artículo publicado en National Geographic en marzo de 2025. Mariana Mastache, bióloga de la UNAM, señala que también se están estudiando los efectos de estos componentes, porque la realidad es que han llegado a nuestro cuerpo y existe la posibilidad de que produzcan daño cognitivo y alteración del comportamiento.
Se están estudiando otros efectos que pueden producir estas partículas en el cuerpo, entre los que destacan el riesgo cardiovascular, la alteración en la función del sistema inmunológico (lo que podría aumentar la susceptibilidad a infecciones y otras enfermedades), daños en el sistema endocrino, el sistema reproductivo, y tal vez más.
El micro y nanoplástico puede entrar a nuestro cuerpo de diversas formas: intravenosa, dérmica, subcutánea, intraperitoneal, por inhalación y oral. Las dos últimas son las más comunes, pero la vía oral es la que más se puede evitar, ya que generalmente lo hace a través de los botes de plástico.
Autores como Javier Ramos y McConnell, J. R. et al., consideran que los romanos se envenenaron con plomo, especialmente porque sus tuberías de agua estaban hechas de este material (de ahí viene la palabra "plomería"). No se sabe exactamente hasta qué punto dañó sus cuerpos, pero muchos consideran que una de las causas de su caída fue el daño que les produjo este material, ya que acumulado por mucho tiempo genera deterioro cognitivo, cambios de humor, irritabilidad y problemas de memoria, además de gastrointestinales, anemia, daño renal y problemas reproductivos. Algo parecido al plástico en nuestro cuerpo.
Esperemos que no nos pase lo de los romanos, pero mientras tanto, por la salud de sus hijos y la suya, utilicen menos plástico, especialmente el famoso PET. De niño, llevaba mi cantimplora a la escuela y la rellenaba de agua. Era de un plástico más resistente y menos nocivo, no contenía BPA ni bisfenol, que son los que liberan componentes nocivos. Hoy se recomienda el tritán, una especie de plástico menos nocivo. Otro material recomendado es el acero inoxidable, con el que están hechos ciertos termos. Y, desde luego, los mejores son los de cristal, pero no se le puede dar uno a un niño, porque se puede lastimar seriamente. Sin embargo, un adulto sí lo puede usar.
Un día, mi hija Sara me vio reutilizando una botella de PET para llenarla de agua y me pidió que no lo hiciera debido al daño que causa a la salud. Me explicó que no están diseñadas para usarse varias veces, y tenía razón. No se deben reutilizar, y mucho menos con los niños.