Así llegan miles de tortugas a las playas de Veracruz

Por: Redacción
Imagen Así llegan miles de tortugas a las playas de Veracruz

En la costa norte del estado de Veracruz anualmente nacen 720 mil crías; sin embargo, el saqueo de nidos y la llegada masiva de turistas afectan el desove y convierten la temporada de anidación de tortugas lora y verde en una batalla por la supervivencia.

La estadística lo comprueba: Una de cada mil tortugas llega a la edad adulta

Es medianoche en el Centro Veracruzano de Investigación y Conservación de la Tortuga Marina y 17 brigadistas se alistan para su jornada nocturna que consiste en caminar hasta 15 kilómetros desde la desembocadura del río Misantla en Nautla hasta la Laguna Grande en Vega de Alatorre para monitorear los nidos de estas especies en peligro de extinción.

Sus únicas herramientas son palos de madera que sirven para marcar los nidos, lámparas de luz roja que les permiten alumbrar sin molestar a las tortugas, algunas bolsas para depositar los huevos que luego serán “sembrados” en corrales, y sus manos que llegan a excavar hasta un metro para dar con los nidos y recuperar los huevos.

La supervisora de Campo de este centro operado por la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema), Amelie Ramos, advierte que el principal problema al que se enfrentan es la llegada de turistas en grupos de hasta 50 personas que hacen ruido, se acercan, tocan y deslumbran con los flashes de celulares y cámaras a las tortugas durante su proceso de desove.

Más aún, las crías una vez que eclosionan son tomadas por los visitantes y lanzadas al agua pensando en que “les ahorran” el trayecto sin saber que les están quitando toda posibilidad de regresar a estas tierras en su edad adulta, pues en sus memorias no guardan “el camino a casa”.

En los primeros minutos de esta guardia nocturna hallamos el nido de una tortuga verde que a toda prisa usa sus aletas para tapar los huevos. La luna es la única luz permitida y el sonido de las olas chocando con la playa parecen parte de este ritual ancestral en el que el hombre no debería interferir.

“Las tortugas tienen preferencia a ciertas balizas, en algunas les encanta desovar y son zonas de riesgo por la acción del mar, por la presencia del turismo y allí es donde desovan, por eso se transportan las brigadas y reubican las nidadas a los corrales”, cuenta Amelie que unos segundos más tarde hunde su brazo derecho casi 50 centímetros para alcanzar huevos que eclosionan.

Cuenta 17 crías que lograron salir hacia el mar y 25 más que no se desarrollaron adecuadamente y se descompondrá en un par de días hasta desaparecer.

En esta zona existen tres corrales de manejo: el de Raudal, el Laurel y Tortuga hasta donde son trasladados los huevos para su resguardo. Este año han logrado liberar a 30 mil crías y apenas inicia la temporada alta de desove.

Gracias al trabajo de los brigadistas el porcentaje de eclosión de los huevos recuperados es superior al 80 por ciento. Amelie señala que históricamente durante la temporada han contabilizado hasta 80 mil nidos y cada uno tiene entre 90 a 100 huevos; Sin embargo, múltiples factores inciden para que solo una de cada mil tortugas llegue a la edad adulta y pueda reproducirse.

Michelle Carreón Felix, supervisora de campo, señala que el riesgo de la intervención del hombre durante la temporada de anidación es grave pues las hembras al ver movimiento o ser molestadas pueden decidir no desovar y regresar al mar, con lo que los huevos se pudren dentro de ellas y mueren ambos.

“Cuando vamos a los recorridos nos encontramos a los turistas que andan observando a las tortugas hembras y si las molestan y no desovan, dejan incompletos sus nidos y se van y eso provoca un problema para las tortugas. Pueden llegar a morir ya que los huevos se quedan adentro y les perjudican”.

La noche avanza y con los ojos avispados los brigadistas detectan uno, dos, 10 nidos y trasladan los huevos que deben esperar entre 45 a 52 días, dependiendo de la especie, para eclosionar. Además, el tiempo de incubación depende de otros factores como la temperatura, cuyo estándar ideal es de 29 grados.

Si excede esa temperatura todas las crías van a ser hembras y si está por debajo, todos van a ser machos, lo cual recientemente se ha visto afectado por los efectos del cambio climático.

Los rápidos avances de las tortugas hembras se logran ver a la distancia en la penumbra, pues cuando comienza a amanecer estos quelonios regresan al mar en espera de otra noche y otro intento para lograr desovar lejos de la vista de los curiosos.

Fuente y foto: AVC/ doh