La historia que pocos conocen: el curioso tren que recorría Veracruz para enseñar a los campesinos

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Por: Joel Cruz
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Hay historias que merecen ser recordadas no solo por lo que significaron en su momento, sino por lo que siguen enseñando hoy.

La de la extensión agrícola en México es una de ellas: una apuesta revolucionaria, literal y simbólicamente, que convirtió a los trenes del país en aulas itinerantes para que los campesinos mexicanos no recibieran solo tierra, sino también el conocimiento para hacerla producir.

1922: el año en que la tierra recibió también educación

Para entender por qué los Trenes de Enseñanza Agrícola fueron tan importantes, hay que situarse en el México de la posrevolución.

El país acababa de atravesar años de violencia, inestabilidad y transformación profunda. La Revolución Mexicana había puesto en el centro del debate una demanda histórica: la tierra para quien la trabaja.

Pero repartir parcelas sin acompañamiento técnico era, como lo señala el investigador del Campo Experimental CotaxtlaFrancisco Javier Ugalde, dejar el esfuerzo campesino a la deriva.

Fue en ese contexto que el gobierno mexicano dio un paso decisivo. Bajo la conducción del ingeniero Ramón P. de Negri al frente de la Secretaría de Agricultura y Fomento, nacieron formalmente en 1922 los primeros servicios de extensión agrícola del país.

Y el vehículo elegido para llevar ese conocimiento hasta los productores rurales no fue otro que la red ferroviaria nacional.

"Antes de ser Secretario de Agricultura fue presidente de los ferrocarriles nacionales y entonces se le ocurrió la idea de llevar la información y de llevar a los productores, a través del único mecanismo que había antes de comunicación que eran los trenes".

La ruta México-Veracruz: arteria de modernización del campo

Dentro de toda la red ferroviaria nacional, fue la ruta del Ferrocarril Mexicano, la que conectaba la Ciudad de México con el puerto de Veracruz, la que se convirtió en la columna vertebral de esta iniciativa.

Era, por muchas razones, la línea más emblemática del país: cruzaba el altiplano central, atravesaba las cumbres de Orizaba y Córdoba y descendía hacia las llanuras tropicales veracruzanas, un recorrido que reunía una diversidad geográfica y productiva extraordinaria.

A lo largo de esa ruta histórica, los vagones hacían parada en cada estación del camino. Y lo que bajaba de ellos era mucho más valioso que cualquier mercancía:

  • Semillas seleccionadas de maíz y hortalizas con mejores rendimientos.
  • Muestras de maquinaria moderna y aperos de labranza.
  • Información técnica sobre manejo y conservación de suelos.
  • Técnicas para la preservación de alimentos.
  • Conocimientos sobre sanidad ganadera.

No eran cargamentos ordinarios. Eran, en sentido estricto, el futuro del campo mexicano empacado en madera y metal, con destino a cada comunidad que el tren tocara en su camino.

Agrónomos misioneros: ciencia aplicada a pie de vía

Detrás de cada vagón había personas. Los agrónomos que viajaban en esos trenes eran,  verdaderos misioneros del conocimiento.

En cada parada descendían para organizar pláticas improvisadas bajo los árboles, montar parcelas de demostración junto a las vías y mostrar con sus propias manos los resultados que la ciencia podía ofrecer a la tierra.

Enseñaban viendo, haciendo y comprobando los resultados directamente en el surco. Era un modelo pedagógico que hoy llamaríamos aprendizaje basado en la experiencia, pero que en 1922 era simplemente la única forma de llegar a un campesino que nunca había pisado una escuela de agronomía.

"Y esos agrónomos particularmente algunos se quedaron aquí en Veracruz pero solo había uno para todo el estado de Veracruz que eran los agrónomos regionales, fue toda una odisea y una travesía importante".

Veracruz, uno de los estados más extensos y diversos del país, con una producción agropecuaria enorme y una geografía que va del nivel del mar hasta las altas montañas, tenía asignado un solo agrónomo para cubrir todo su territorio. La tarea era monumental, pero alguien la hizo.

La extensión agrícola, la herramienta más noble del campo mexicano

Lo que quedó de esa experiencia pionera fue mucho más que un programa gubernamental. Los Trenes de Enseñanza Agrícola consolidaron la extensión como filosofía y como práctica: la convicción de que el conocimiento técnico debe llegar a quien trabaja la tierra, no esperar a que el productor vaya a buscarlo.

Décadas después, esa idea ha tomado otras formas. Los trenes fueron reemplazados por camionetas, luego por programas gubernamentales, después por plataformas digitales y asesoría técnica en campo.

Pero el principio es el mismo que formularon aquellos agrónomos de 1922: la tierra sola no basta, el campesino necesita acompañamiento, información y herramientas para que su esfuerzo rinda frutos reales.

El trabajo de investigadores como Francisco Javier Ugalde en el Campo Experimental Cotaxtla, dependiente del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), mantiene vivo ese legado.

Rescatar esta historia no es solo un ejercicio de memoria, sino una forma de entender qué funciona en el campo mexicano y por qué.

Una semilla sembrada en 1922 que sigue dando fruto

La historia de los Trenes de Enseñanza Agrícola es, en el fondo, la historia de una apuesta por la gente del campo. Una decisión que en plena posrevolución dijo: no alcanza con dar tierra, hay que dar también conocimiento.

Más de 100 años después, esa convicción sigue siendo tan urgente como entonces. Y en Veracruz, donde aquella ruta del Ferrocarril Mexicano fue la arteria por donde circuló la modernización del agro, esa historia tiene nombre propio y tiene raíces profundas.

Cada semilla sembrada con conocimiento, como lo entendieron aquellos agrónomos que viajaban sobre rieles, cultiva algo más que una cosecha: cultiva el futuro.

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