Abajo de la banqueta de la calle Ocampo casi esquina 5 de Mayo, en el centro de Veracruz, ha quedado al descubierta piedra múcara que podría ser parte de una antigua construcción en la época de la ciudad amurallada.
El tramo expuesto mide aproximadamente tres metros de longitud. Ahí, donde cualquier transeúnte camina a diario sin imaginarlo, podría estar pisando los cimientos de una estructura militar que fue testigo de guerras, invasiones y el nacimiento de la Veracruz moderna.
El material a la vista es piedra múcara, el mismo que durante siglos se utilizó para levantar los grandes edificios del puerto jarocho.
El investigador veracruzano Ricardo Cañas, explicó que el área comprendida entre las calles Independencia y Madero, y entre Ocampo y Rayón, albergó los antiguos cuarteles militares que fueron edificados en el siglo XVIII y demolidos décadas más tarde, cuando la ciudad comenzó a crecer y modernizarse.
"Hacia donde está la puerta de la entrada del estacionamiento de lo que hoy es el Palacio Federal, que era parte de esos cuarteles, más o menos ahí se encontraba el Baluarte de Santa Bárbara, uno de los nueve baluartes que rodeaba la ciudad de Veracruz y este era prácticamente de tierra".
La ciudad amurallada de Veracruz contó con nueve baluartes en total. Hoy solo sobrevive uno: el famoso Baluarte de Santiago, que se puede visitar en el centro histórico y que funciona como referencia para entender cómo era la estructura defensiva del puerto.
El Baluarte de Santa Bárbara era su vecino, pero de menor tamaño y sin atalaya.
"Era mucho más chico, era un poco más chico y no tenía atalaya, es decir, el edificio central que tiene el Baluarte de Santiago, no lo tenía el de Santa Bárbara, este era un baluarte, digamos únicamente sería la parte donde están los cañones del Baluarte de Santiago algo así parecido, pero un poco más chico todavía".
En marzo de 1847, durante la invasión norteamericana, el militar Sebastián Holtzinger libró desde ese punto una dura batalla para defender el puerto.
De aquella resistencia existen imágenes que dan cuenta de la intensidad del combate y del valor de los defensores veracruzanos ante una de las fuerzas militares más poderosas de la época.
Para entender por qué hoy hay vestigios que están enterrados bajo el asfalto y el concreto del centro de Veracruz, hay que remontarse a alrededor de 1880.
Para ese entonces, las puertas de la ciudad amurallada ya no se cerraban. La llegada del ferrocarril y el boom comercial de la región habían transformado radicalmente la dinámica del puerto.
La muralla, que antes era un sistema de protección, se había convertido en un obstáculo para el crecimiento.
Fue el alcalde Domingo Burau quien solicitó el permiso para derribarla. Con esa decisión desaparecieron siete de los nueve baluartes, entre ellos el de Santa Bárbara. Solo el Baluarte de Santiago logró sobrevivir al paso del tiempo.
El año pasado, durante los trabajos de rehabilitación de la avenida Independencia y 5 de Mayo, también salieron a la luz vestigios que formaron parte de esas mismas estructuras.
Algunos de los materiales encontrados fueron extraídos para su análisis y estudio, mientras que otros permanecieron enterrados en su lugar original.
Lo que está ocurriendo en el centro histórico de Veracruz es una señal clara de que el suelo del puerto guarda mucho más de lo que imaginamos.
Cada obra, cada banqueta que cede, cada tramo de asfalto que se rompe, puede convertirse en una ventana inesperada hacia siglos de historia.