¡Paren todo! Ya venden pan de muerto en Veracruz

Imagen ¡Paren todo! Ya venden pan de muerto en Veracruz

Por: José de Aquino

Ni el pozole del 15 de septiembre se han asomado todavía, y ya hay pan de muerto en los estantes de un supermercado de la avenida Salvador Díaz Mirón, en Veracruz. Estamos en la segunda quincena de agosto y este pan, que millones de mexicanos asocian exclusivamente con el 1 y 2 de noviembre, ya encontró su camino a las canastas del mercado veracruzano con semanas —y hasta meses— de anticipación.

La estampa sorprende, arranca sonrisas y también provoca debate. Porque una cosa es disfrutarlo y otra muy diferente es entender lo que este pan representa dentro de una tradición que la UNESCO reconoció como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad en 2003.

¿Qué es el pan de muerto y de dónde viene?

El investigador Ricardo Cañas Montalvo lo explica con claridad: este pan tiene un origen y un propósito muy específico dentro de la cosmovisión prehispánica mexicana, vinculada a la celebración de los fieles difuntos.

"El pan que tradicionalmente llamamos pan de muerto es el que se utiliza principalmente o únicamente durante las celebraciones de los fieles difuntos hasta el día primero y 2 de noviembre de cada año".

No es un pan cualquiera. Tiene forma, simbolismo y un lugar específico dentro del altar de muertos, esa ofrenda que se prepara para recibir las almas de quienes ya no están entre nosotros. Su presencia en los supermercados antes de tiempo no lo vacía de significado, pero sí vale la pena conocer la historia detrás de cada pieza.

Dos formas, una casi perdida en el tiempo

Mucha gente no sabe que el pan de muerto no siempre fue redondo. Según Cañas Montalvo, existían —y en algunas regiones aún existen— dos presentaciones con raíces muy distintas.

"Había dos formas que podían tenerle los panes de muertos; una ya casi está desapareciendo. La que está desapareciendo es la que tenía una forma humana. Se hacía el pancito con una forma de una persona, inclusive los brazos se ponían en el centro como cuando se coloca al difunto dentro del féretro para ser sepultado, y como ojos, se les ponían dos frijolitos".

Esa versión con silueta humana, con brazos cruzados y frijolitos como ojos, es la que poco a poco ha ido desapareciendo de las panaderías. La que domina hoy es la redonda, y no es casualidad: cada elemento de su diseño tiene un significado.

"El otro es uno que es redondito, el cual va a simbolizar el cráneo del esqueleto, el cráneo con los demás huesitos colocados a los lados o encima de él. Eso es lo que simboliza este pan de muerto de forma redonda".

Y dentro de esa versión redonda, las presentaciones varían. Están los que se bañan en azúcar blanca —los más clásicos— y los que llevan ajonjolí por encima. El sabor cambia, el simbolismo no.

La regla que pocos respetan: el pan del altar no se come

Aquí viene lo que muchos ya intuyen pero pocos aplican. Cuando el pan de muerto se coloca en el altar como ofrenda, la tradición es clara: no se toca, no se come y no se parte mientras las almas están de visita.

"Cuando estos panes se van a colocar en el altar de muertos, ya sea tanto el día primero como el día dos, y durante esos días este pan no se debe de consumir; se debe de dejar en el altar de muertos. Recordemos que es una ofrenda, que las almas de nuestros fieles difuntos van a regresar ese día a degustar lo que en vida a ellos les encantaba comer".

Y hay algo más que se cuenta de generación en generación: que el pan que se retira del altar después del 2 de noviembre ya no sabe igual. Ni el pan, ni la comida, ni el agua. La gente lo dice con total convicción. Claro que hay una explicación bastante terrenal: cualquier alimento expuesto dos días al ambiente pierde frescura. Pero eso, para quienes viven la tradición de corazón, es lo de menos.

El mantemuerto: cuando la panadería se pone creativa

Veracruz también tiene su capítulo propio en esta historia. Desde 2018, algunas panaderías locales sorprendieron con una creación que combinó lo mejor de dos mundos: la mantecada veracruzana con los huesitos decorativos del pan de muerto. El resultado fue bautizado, con humor y cariño, como mantemuerto.

Una innovación que dice mucho del carácter del puerto: siempre dispuesto a reinterpretar la tradición sin perderle el respeto, con sabor propio y una pizca de creatividad que pocas ciudades se permiten.

¿Está mal comprarlo en agosto?

La respuesta corta es: no. Comprarlo y disfrutarlo es perfectamente válido. El pan de muerto que se vende en los supermercados desde agosto es, al final del día, un producto de temporada que las panaderías industriales adelantan para responder a la demanda. La tradición vive en el altar, en la ofrenda, en la intención con la que se coloca ese pan junto a una foto, una vela y las flores de cempasúchil.

Lo que sí vale la pena es no perder de vista de dónde viene todo esto. Detrás de cada pieza redonda con huesitos hay siglos de historia, una cosmovisión que habla de la muerte no como un final sino como un regreso, y una comunidad que cada año, puntual como el calendario, abre las puertas de su casa para recibir a los que ya no están.

Así que si ya viste el pan de muerto en tu supermercado favorito de Veracruz y te dieron ganas de llevarte uno, adelante. Solo recuerda: si llega al altar, ese ya no es tuyo. Es de ellos.

da clic