El refugio que opera el Instituto Veracruzano de las Mujeres (IVM) atiende cada año a alrededor de 48 usuarias directas, más sus hijos e hijas, sumando una población total de entre 67 y 68 personas en constante rotación, informó la directora Zaira del Toro Olivares.
Este lugar funciona como un sitio seguro para las mujeres veracruzanas que sufren violencia. Del Toro Olivares explicó cómo funciona este espacio, de dónde vienen los recursos para sostenerlo y qué pasa con las mujeres una vez que cruzan de nuevo la puerta hacia el mundo exterior.
El refugio para mujeres víctimas de violencia en Veracruz recibirá este año una inversión federal de 7.5 millones de pesos, recursos que permitirán fortalecer la atención integral que brinda a las usuarias y a sus hijas e hijos,
El financiamiento del refugio no viene del presupuesto estatal directamente, sino de la Secretaría de las Mujeres a nivel federal, que distribuye recursos a todos los estados del país mediante proyectos que cada entidad presenta para su autorización. Veracruz no es la excepción.
Ante la pregunta de si los recursos recientes anunciados servirían para abrir un nuevo refugio o para fortalecer el que ya existe, Del Toro dijo que en este momento, la prioridad es consolidar lo que ya se tiene.
"En el estado de Veracruz continuamos fortaleciendo, bajo las instrucciones de nuestra gobernadora, la ingeniera Rocío Nahle, el proyecto del refugio que ya se tiene en el estado", dijo Zaira del Toro, directora del IVM
Esa instrucción, según la funcionaria, no solo aplica al espacio físico, sino al modelo completo de atención que se ofrece dentro y fuera del refugio.
El tiempo de estancia previsto para cada usuaria es de tres meses, aunque ese periodo puede variar según las circunstancias de cada caso. Durante ese tiempo, las mujeres reciben atención psicológica, jurídica y de trabajo social, tanto ellas como sus hijos e hijas.
No es necesario que una mujer haya interpuesto una denuncia previa para ingresar al refugio. El proceso es al revés. Del Toro explicó que el trabajo interno del modelo busca precisamente que las usuarias lleguen a sentirse lo suficientemente fuertes para dar ese paso cuando estén listas.
"El trabajo que se hace al interior del modelo de atención dentro del refugio es que ellas se sientan fortalecidas psicológicamente para posteriormente interponer una denuncia que les dé la seguridad completa de poder egresar a su vida de forma libre de violencia", señaló Zaira del Toro, directora del IVM
El reto más difícil es que una vez que las víctimas salen del refugio no regresen con su agresor, admitió la directora, no obstante, hay al menos entre uno y dos casos donde sí regresan.
"La idea es que ninguna mujer regrese, sin embargo sí han sido los casos, los menos, uno o dos que regresan con los agresores".
Los motivos detrás de ese regreso son, en su mayoría, estructurales: dependencia económica, falta de empleo, hijos en edad escolar y una carga psicológica que tres meses no siempre alcanzan a desmontar por completo. Por eso, el IVM trabaja de manera coordinada con otras dependencias del gobierno estatal para atacar esas causas de raíz.
Las instituciones involucradas en ese trabajo articulado incluyen:
En el caso de los niños y niñas que también llegan con sus madres y posteriormente salen se les entrega un kit escolar completo. Útiles, mochila, lonchera para apoyar a la familia. La idea, en palabras de Del Toro, es que tanto las usuarias como sus acompañantes puedan construir un proyecto de vida real, no solo sobrevivir a la crisis inmediata.
"Lo que buscamos es crear una cultura de una vida libre de violencia donde el último espacio que tengan que llegar las usuarias sean los refugios. Donde podamos transitar libres y seguras sin tener que resguardar nuestras vidas".
Para las mujeres veracruzanas que enfrentan una situación de violencia, es importante saber que el acceso al refugio no requiere denuncia previa y que el acompañamiento no termina cuando se van.