La mañana del jueves 16 de julio, un hecho que pudo haber terminado en tragedia sacudió al centro histórico de Veracruz: la mitad de un balcón ubicado en la esquina de las calles Emparan y 5 de Mayo se desprendió y cayó a la vía pública.
Por fortuna, en ese momento no había nadie debajo. No hubo lesionados y lo que reveló este incidente es algo que muchos veracruzanos ya sospechaban: varios edificios del corazón de la ciudad están envejeciendo sin el mantenimiento que necesitan.
Los escombros del balcón colapsado fueron retirados rápidamente por las autoridades, y la zona fue acordonada de inmediato, ya que la otra mitad de la estructura sigue suspendida en el edificio, lo que representa un riesgo latente para quienes circulan por esa banqueta.
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Lo que ocurrió en Emparan y 5 de Mayo no es un caso aislado. Un recorrido por las calles del primer cuadro de la ciudad deja ver que varios edificios aledaños presentan daños visibles en sus marquesinas y fachadas.
La humedad, el salitre del mar, las lluvias y el paso del tiempo han hecho lo suyo en construcciones que, en muchos casos, llevan décadas sin recibir mantenimiento estructural serio.
Uno de los casos más preocupantes se localiza en la calle Zamora, entre Independencia y el callejón J.J. Herrera.
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Ahí, un edificio con una losa en evidente deterioro ha comenzado a llamar la atención de los vecinos y autoridades.
Con las últimas lluvias, el agua se filtraba por toda la marquesina. El área debajo de esa marquesina ya fue acordonada para evitar que peatones caminen por esa banqueta, reconociendo así que el peligro es real y no puede ignorarse.
El riesgo que más preocupa a quienes conocen el área es precisamente que lo ocurrido en Emparan y 5 de Mayo pueda repetirse aquí, o en cualquier otro punto del centro histórico donde las condiciones sean similares. Y lamentablemente, esos puntos no son pocos.
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Este tipo de incidentes no es nuevo en Veracruz. El 21 de junio de 2021, la marquesina de un edificio ubicado en la esquina de las calles Hidalgo y Canal colapsó de forma inesperada.
La estructura no lucía en mal estado a simple vista, no daba señales evidentes de deterioro, pero no resistió el peso del tiempo.
Ese colapso fue un recordatorio brutal de que el daño estructural no siempre es visible, y que esperar a que una construcción se vea mal antes de intervenir puede ser un error con consecuencias irreversibles.
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Por lo pronto, las zonas afectadas siguen acordonadas mientras se define que es lo que sigue.
Fotos: XEU