Cuatro pescadores y buzos de Alvarado, Veracruz, realizaron uno de los hallazgos submarinos más significativos de la región en los últimos tiempos: los restos de una embarcación antigua sepultada en las aguas del puerto. Pero lejos de recibir reconocimiento o cumplimiento de los acuerdos pactados, hoy denuncian que el Ayuntamiento de Alvarado los desplazó del proyecto, contrató a otro personal y ni siquiera les dio las gracias.
El descubrimiento ocurrió hace aproximadamente cuatro meses, durante una jornada de pesca rutinaria. El grupo seguía un cardumen cerca de la escollera de la barra de Alvarado, a unos 150 metros de la costa, cuando a cinco metros de profundidad encontraron algo que no esperaban: los restos de lo que aparenta ser una embarcación de época, con evidencia histórica visible a simple vista bajo el agua.
No fue un hallazgo menor. Los buzos pudieron observar directamente, durante sus inmersiones a pulmón, una serie de objetos que apuntan a una embarcación de considerable antigüedad. Entre los elementos identificados en el sitio se encontraban:
El hallazgo, por sus características, tiene un potencial arqueológico e histórico relevante para Veracruz, estado con uno de los puertos más importantes de la época colonial en toda América. La barra de Alvarado, históricamente activa como vía fluvial y marítima, añade contexto a la importancia del sitio.
Tras el descubrimiento, los propios pescadores tomaron la iniciativa de proteger la zona. Usando su propio equipo de buceo y recursos personales, realizaron grabaciones e imágenes del sitio, y se mantuvieron como vigilantes informales del área durante aproximadamente mes y medio, según lo acordado con representantes del municipio.
Pero el pago prometido por esa logística básica nunca llegó. Y cuando el municipio decidió avanzar con la exploración formal, simplemente contrató a otra gente.
"Nosotros estuvimos resguardando ahí como mes y medio que habían quedado... resultó que no nos pagaron nada, no nos dieron ni las gracias, ni adiós ni nada, y en última trajeron a otro personal".
Guillermo Rojas, buzo y pescador de Alvarado
Guillermo Rojas, uno de los cuatro integrantes del grupo que hizo el descubrimiento, es quien ha alzado la voz públicamente. Con experiencia técnica e industrial en maniobras marinas, él y sus compañeros no son improvisados: son buzos con oficio, acostumbrados a trabajar bajo presión en aguas difíciles. Por eso, el desplazamiento les resulta especialmente injusto.
Lo que más molesta al grupo no es solo el dinero, sino la forma en que las autoridades municipales han manejado la narrativa del hallazgo hacia afuera, apropiándose del protagonismo de un descubrimiento que, según los buzos, les pertenece a ellos.
"Se están parando mucho el cuello el municipio aquí de Alvarado también con ese hallazgo, que supuestamente ellos lo encontraron... En realidad ya no le dan ganas a uno ni de comentar nada a los del municipio por lo que hacen después con lo que uno anda descubriendo bajo el agua".
Guillermo Rojas, buzo y pescador de Alvarado
La queja apunta a una práctica que los pescadores perciben como sistemática: descubren algo, lo reportan a las autoridades, y terminan siendo marginados del proceso que ellos mismos iniciaron. Una dinámica que, según Rojas, ya les quitó las ganas de compartir futuros hallazgos con el municipio.
El reclamo de los pescadores no es combativo, pero sí firme. No están pidiendo reconocimiento simbólico ni medallas: exigen que se honren los acuerdos que, según ellos, el propio presidente municipal estableció desde el inicio.
"Lo que pediríamos es que se respete la palabra que nos dio el presidente, lo que se nos dio por parte del municipio... que se nos respete el trabajo tal y como es en forma a las personas que en realidad descubrimos el hallazgo, no a los que se andan parando y saludando con el sombrero ajeno".
Guillermo Rojas, buzo y pescador de Alvarado
La frase final de Rojas lo resume todo con la claridad que da el agravio: ellos se metieron al agua, arriesgaron la vida buceando a pulmón en la oscuridad, y otros están usando ese hallazgo para saludar con sombrero ajeno.
Más allá del conflicto laboral, el caso abre una pregunta relevante sobre cómo se gestionan los hallazgos arqueológicos subacuáticos en México. Por lo pronto, los vestigios históricos sumergidos en aguas nacionales que son patrimonio de la nación es investigado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Lo que sí es claro es que cuatro pescadores de Alvarado hicieron algo extraordinario: encontraron historia bajo el agua. Y hasta ahora, la única respuesta que han recibido es silencio, puertas cerradas y el trabajo entregado a otros.
La historia del barco antiguo apenas comienza a contarse. La de los hombres que lo encontraron, al parecer, ya quedó fuera del guion oficial.