Ex trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) acusan que el gobierno no les quiere entregar el dinero que les retuvieron durante su vida laboral y que está depositado en una subcuenta de cesantía y vejez en las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores).
Alejandro Ramírez Tello, coordinador y enlace de la Unión Nacional de Comités del Instituto Mexicano del Seguro Social (UNCIMSS), afirmó que la federación argumenta que esos fondos ya fueron utilizados para financiar las jubilaciones vigentes. Pero los afectados rechazan completamente esa versión.
Para ellos, el dinero sigue ahí, depositado en sus cuentas individuales, con su nombre, y simplemente no se les permite acceder a él.
"Nosotros como trabajadores activos desde que ingresamos a laborar al IMSS fuimos fondeando nuestras jubilaciones con un porcentaje considerable bajo el concepto 152 que se descontaba cuando éramos activos; posteriormente en el 2005 con la reforma al Seguro Social nos hicieron otro descuento adicional y ya era el 10 por ciento que nos fueron descontando por muchos años hasta llegar a la jubilación".
La clave del conflicto está en quién da las órdenes. Según Ramírez Tello, las Afores no actúan por voluntad propia: siguen instrucciones directas de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), el organismo que las regula y que, en este caso, les ha ordenado no liberar esos recursos.
"La Afore obedece la instrucción que le da el gobierno; la Consar que regula a las Afores, es la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro, da la orden a las Afores que no entreguen esos ahorros que están a nombre de esos jubilados, es propiedad privada porque está a nombre de cada uno".
El argumento central de los jubilados es contundente: si el dinero está registrado a nombre de cada trabajador, se trata de propiedad privada. Y si es propiedad privada, el Estado no tiene facultad legal para retenerla. Así de claro lo plantean, y así lo llevarán ante quien sea necesario.

Las cifras que rodean este conflicto no son menores. De acuerdo con la UNCIMSS, a nivel nacional hay aproximadamente 130 mil jubilados del IMSS afectados por esta retención que califican de ilegal e injusta. Y el monto que le correspondería en promedio a cada uno ronda los 400 mil pesos.
Haciendo una cuenta rápida, estamos hablando de un universo que podría superar los 52 mil millones de pesos en recursos retenidos. Una cantidad que explica, en parte, por qué el gobierno federal no tiene prisa en resolver el asunto.
Entre los exempleados afectados hay enfermeras, médicos, administrativos, personal de intendencia y trabajadores de distintas ramas que dedicaron décadas de su vida al IMSS y que hoy, en su vejez, enfrentan la frustración de ver su ahorro bloqueado. Para muchos, ese dinero representa la diferencia entre una vejez digna y una marcada por la precariedad.
Los jubilados no se quedan con los brazos cruzados. El movimiento avanza en varios frentes de manera simultánea, convencidos de que la presión constante es el único camino para obtener resultados.
Sin embargo, la confianza en este último recurso no es plena. Existe desconfianza hacia la SCJN, cuyos integrantes son percibidos por el movimiento como cercanos al gobierno en turno. Una percepción que, de ser fundada, complicaría seriamente las posibilidades de obtener un fallo favorable en esa instancia.
Más allá de los números y las instancias legales, este conflicto plantea una pregunta incómoda: ¿Puede el Estado retener el dinero que sus propios trabajadores aportaron durante toda su vida laboral? Para los jubilados del IMSS que hoy marchan y se organizan, la respuesta es un rotundo no.
Mientras el litigio avanza y las negociaciones con legisladores continúan, miles de personas mayores siguen esperando acceder a un ahorro que consideran suyo desde el primer día. Un dinero que nació de su trabajo, que creció con sus descuentos y que, a su juicio, jamás debió dejar de estar en sus manos.
La lucha apenas comienza, y los jubilados del IMSS afiliados a la UNCIMSS dejan claro que no piensan rendirse hasta ver ese dinero de regreso donde dicen que siempre debió estar: en sus cuentas.