La pregunta circula con frecuencia en conversaciones familiares, en oficinas y en redes sociales: ¿los solteros o los casados pagan más impuestos en México? La respuesta, aunque no es del todo intuitiva, tiene un fundamento técnico sólido. De acuerdo con Ramón Ortega, presidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), son las personas casadas con hijos quienes terminan aportando más a la recaudación fiscal del país, y la razón principal tiene que ver con sus patrones de consumo.
El especialista sustentó su análisis en estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), organismo internacional que monitorea indicadores económicos y fiscales en decenas de países, incluido México. Según Ortega, el mayor nivel de erogaciones que implica sostener una familia —desde la alimentación hasta la educación y el entretenimiento— se traduce directamente en una mayor carga impositiva acumulada.
La clave para entender esta diferencia no está en las tasas del Impuesto Sobre la Renta (ISR) como tal, sino en la suma de todos los impuestos que se pagan a lo largo de la cadena de consumo. Ramón Ortega explicó que cuando una familia adquiere productos para el hogar, la comida, la ropa o los servicios, está pagando automáticamente el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y, en ciertos bienes, el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS).
Este último impuesto aplica a productos como refrescos, bebidas azucaradas, alcohol y tabaco, entre otros. Y aquí surge un dato que Ortega destacó con particular énfasis: las familias de menores ingresos destinan una proporción más grande de su gasto a alimentos y bebidas, lo que hace que el impacto del IEPS sea proporcionalmente más significativo para ellas.
"A menor nivel de ingresos, el impacto es más en comida y alimentos", señaló el presidente del IMEF, apoyándose en cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Esto abre un debate adicional sobre la regresividad del sistema tributario mexicano y cómo afecta de manera diferenciada a los distintos segmentos de la población.
Otro elemento central del análisis tiene que ver con el impuesto más visible en cualquier recibo de nómina: el ISR. En México, los trabajadores formales ven descontado este impuesto directamente de su salario, lo que significa que su contribución es prácticamente automática. Ortega recordó que actualmente hay más de 50 millones de trabajadores registrados ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT), y que este universo representa alrededor del 25 por ciento de la recaudación fiscal total del país.
El especialista también vinculó el crecimiento de la recaudación del ISR en años recientes con los incrementos salariales registrados en México. "El impacto salarial que se ha tenido ha impulsado una mayor recaudación", precisó, en referencia a las alzas del salario mínimo que han sido una política constante en el país durante los últimos lustros.
Más allá del análisis macroeconómico, Ortega aprovechó para lanzar una alerta sobre los hábitos financieros cotidianos. El denominado "gasto hormiga" —esos pequeños desembolsos diarios que parecen insignificantes pero que acumulados representan una fuga importante de dinero— y el uso excesivo de créditos son factores que, según el especialista, pueden desestabilizar seriamente las finanzas de cualquier familia.
"Se vuelve una bola de nieve", advirtió Ortega. "Hay intereses que no se tenían considerados y luego se vuelven impagables." En ese sentido, su recomendación central fue la planeación financiera personal como herramienta fundamental para mantener las cuentas en orden.
El especialista sugirió adoptar un enfoque práctico y disciplinado para administrar el presupuesto familiar. Entre los puntos que destacó se encuentran:
El análisis del presidente del IMEF también abrió una reflexión de largo plazo sobre el futuro fiscal del país. Ortega señaló que existe una tendencia creciente entre los jóvenes mexicanos a no contraer matrimonio ni a formar familias numerosas, lo que podría tener implicaciones importantes para la recaudación tributaria en los próximos años.
"Estamos viendo que los jóvenes no se quieren casar", comentó el especialista, y agregó que este es un fenómeno que merece un estudio más profundo para proyectar su impacto en las finanzas públicas del país. Si las generaciones más jóvenes consumen menos —ya sea por convicción, por condición económica o por cambios culturales— la recaudación derivada del consumo familiar podría verse afectada a mediano y largo plazo.
La conclusión del análisis de Ortega es clara y aplica tanto para Veracruz como para cualquier entidad del país: más que el estado civil en sí mismo, lo que determina el peso fiscal de una persona es cuánto consume. Y en ese rubro, las familias con hijos, por su estructura de gasto, inevitablemente aportan más al fisco. No porque el sistema los penalice por casarse, sino porque su nivel de vida implica mayor circulación de dinero y, con ello, mayor pago de impuestos en cada transacción.