En el siglo XVIII la Nueva Veracruz, como se le conocía en esa época a la ciudad, tenía serios problemas con el abastecimiento del agua por lo que las autoridades buscaron posibles soluciones.
Aunque por la zona atravesaba el riachuelo Tenoya, este se encontraba sucio porque se había convertido en un abrevadero de bestias de carga y no era una opción para la población.
¿Qué tan cierto es que en Veracruz hubo un acueducto subterráneo?
Hiram Becerra, investigador y promotor cívico, afirma que el Cabildo de Veracruz propuso brindar el servicio de agua limpia con el objetivo de satisfacer la demanda de la ciudadanía.
En el año 1721 cuando ingenieros franceses hicieron estudios para traer agua del río Jamapa, pero debido a lo costoso del proyecto (se hablaba de 25 millones de pesos) no era financieramente viable.
"Fue así como entonces las autoridades de Veracruz, los tribunales del Puerto, las comunidades religiosas, le solicitaron al Virrey de la Nueva España, Marqués de Valero, que los ayudara a tener esa concesión para poder realizar una obra para traer agua a Veracruz".
Para iniciar la obra fue contratado Fray Pedro Antonio de Buzeta, matemático, maestro arquitecto y de cañerías, notable por haber introducido el agua potable a su convento franciscano en Sanlúcar de Barrameda, provincia de Cádiz, y Guadalajara, Jalisco.
El franciscano descartó la propuesta de los franceses y realizó estudios del arroyo de Vergara y la laguna de Malibrán, la segunda con más posibilidades.
Por lo tanto decide construir un acueducto subterráneo, conocido a la postre como 'Caño del Fraile', que finalmente cumplió con la función de traer agua a los veracruzanos.
El caño salía de la Laguna del Malibrán, recorría de forma subterránea paralelo a lo que hoy es la avenida Miguel Alemán y llegaba hasta el sur de la ciudad en la parte amurallada, en el área conocida como La Noria (entre los baluartes de Santa Gertrudis y Santa Bárbara) lo que actualmente es Esteban Morales y Callejón Reforma.
De acuerdo a lo que se sabe, el acueducto tenía una longitud de poco más de 3.5 kilómetros, medía 1.67 metros de alto y casi lo mismo de ancho.
"Existe el mito de que por ahí se movía la famosa Condesa de Malibrán, que se trasladaba de un lugar a otro de la ciudad por estos túneles, no es cierto, es prácticamente imposible que hubiera entrado por ahí".
El agua abastecía a fuentes del centro de la ciudad, la más conocida estaba en lo que hoy se conoce como el parque Álvaro Obregón y es por eso que ahí se encuentra una placa, la más antigua que existe en la región de una obra pública.
En la calle Mario Molina a la altura del portal de Miranda está escrita la leyenda: "Esta fuente y cañería la hizo Pedro Buzeta de la orden de nuestro Padre San Francisco llevando por maestro patrón y protector al glorioso San Antonio de Padua, a expensas y solicitud y cuidado de esta muy noble y leal ciudad y vecindario y de su gobernador, el coronel Antonio de Peralta y Córdoba. Se empezó en el año de 1723 y se acabó en 1725".
El caño funcionó y abasteció de agua a la población por más de siglo y medio; se dejó de utilizar en la época del porfiriato, cuando fueron construidas las plantas potabilizadoras del Tejar para distribuir el agua desde el río Jamapa.
"Pero sin duda, fue fundamental para la sobrevivencia de Veracruz, para la higiene de los veracruzanos por espacio de 154 años".
Con el crecimiento de la ciudad, la urbanización, las nuevas calles y pavimentaciones el caño quedó sepultado y obsoleto, pero sobrevive el recuerdo de la funcionalidad que tuvo para anteriores generaciones.
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