La evolución humana no quedó atrás con nuestros antepasados ni se detuvo cuando comenzamos a caminar erguidos. Actualmente, los seres humanos continúan experimentando cambios biológicos que pueden observarse en distintas partes del cuerpo, como el intestino, la sangre, la piel y los ojos.
Investigaciones científicas han identificado cinco ejemplos de cómo la selección natural ha favorecido determinadas características genéticas en diferentes poblaciones, como respuesta a su alimentación, las condiciones geográficas y la exposición a la luz solar.
1. La capacidad de digerir la leche
Uno de los ejemplos más conocidos de evolución reciente está relacionado con la tolerancia a la lactosa. Hace aproximadamente 10 mil años, cuando algunas poblaciones comenzaron a domesticar animales y consumir su leche, ciertas personas tenían variantes genéticas que les permitían digerir este azúcar durante la edad adulta.
Con el paso de las generaciones, estas variantes se extendieron mediante la selección natural, particularmente en algunas poblaciones de Europa, África Oriental y Oriente Medio.
Actualmente, se estima que entre el 30 y el 35 por ciento de los adultos en el mundo puede tolerar la lactosa.
2. Los pueblos andinos desarrollaron una adaptación para digerir las papas
La alimentación también ha influido en la evolución del sistema digestivo. Un estudio reciente encontró que las poblaciones quechuas de los Andes, en Sudamérica, presentan características genéticas relacionadas con una mayor capacidad para procesar el almidón.
La adaptación estaría vinculada con el consumo de papa, un alimento que fue domesticado por sus antepasados hace miles de años.
Los investigadores identificaron que las personas con un mayor número de copias de una variante genética relacionada con la digestión del almidón pudieron tener una pequeña ventaja de supervivencia y reproducción, que se acumuló a través de las generaciones.
3. La sangre de las poblaciones que viven a grandes altitudes
En la meseta tibetana, donde las comunidades han vivido durante más de 10 mil años en condiciones de poco oxígeno, también se han identificado cambios evolutivos.
Investigaciones encabezadas por la antropóloga Cynthia Beall encontraron características fisiológicas que favorecen el transporte de oxígeno en la sangre.
Uno de los estudios analizó a 417 mujeres nepalesas que habían vivido toda su vida a más de 3 mil 500 metros de altitud. Los resultados mostraron que aquellas con mayores tasas de nacimientos vivos presentaban una saturación de oxígeno en la hemoglobina particularmente elevada.
Estos hallazgos aportan evidencia de cómo las condiciones ambientales pueden favorecer determinadas características biológicas a lo largo del tiempo.
4. Los cambios en la pigmentación de la piel
El color de la piel también refleja la adaptación humana a las condiciones ambientales, particularmente a la exposición a la radiación ultravioleta.
Los primeros seres humanos en África desarrollaron una pigmentación más oscura, que contribuye a proteger el organismo de los efectos de la radiación solar. En regiones alejadas del ecuador, donde la exposición a los rayos ultravioleta es menor, las variantes genéticas asociadas con una piel más clara adquirieron mayor presencia.
Un análisis reciente de ADN antiguo identificó cerca de 500 variantes genéticas que cambiaron su frecuencia durante los últimos 10 mil años entre poblaciones de Eurasia occidental.
Entre ellas destacan las relacionadas con la pigmentación, un proceso que podría estar asociado con la necesidad de producir vitamina D en regiones con menor disponibilidad de luz solar.
5. El aumento de la miopía también podría estar relacionado con la evolución
Otro fenómeno que ha llamado la atención de los investigadores es el incremento de la miopía, una condición que dificulta ver con claridad los objetos lejanos.
Un estudio publicado en 2021, basado en información del Biobanco del Reino Unido, encontró que determinadas variantes genéticas asociadas con este problema de visión aumentaron su frecuencia durante un periodo de 25 años.
Los científicos plantean que este comportamiento podría explicarse, al menos parcialmente, mediante la llamada pleiotropía antagónica: un fenómeno en el que ciertas variantes genéticas ofrecen ventajas en algunos aspectos de la vida, pero también pueden producir efectos desfavorables.
De acuerdo con los investigadores, la selección natural podría estar contribuyendo a que aumenten los casos de miopía en las nuevas generaciones.
La evolución humana continúa
Estos cinco ejemplos muestran que la evolución no necesariamente significa que el cuerpo humano se vuelva más fuerte o saludable. Se trata de un proceso mediante el cual determinadas características genéticas pueden hacerse más frecuentes cuando ofrecen ventajas para sobrevivir o reproducirse en un entorno específico.
Los cambios en la alimentación, la altitud, la radiación solar y otras condiciones ambientales continúan influyendo en nuestra especie.
Por ello, la evolución humana no es únicamente parte de nuestra historia: también es un proceso que sigue ocurriendo en la actualidad.
Con información de Science Alert