Opinión

Economía de guerra

Por Ricardo Homs

Las guerras no sólo tienen objetivos políticos, sino también económicos


Las guerras no sólo tienen objetivos políticos, sino también económicos y eso sigue sucediendo en el mundo de hoy.

Los conflictos bélicos en Irán, la guerra en Ucrania y los que se vayan sumando próximamente dan cuenta de este fenómeno. Los intereses nacionalistas y las ambiciones personales de los grandes líderes políticos para mantenerse en el poder están generando los conflictos internacionales.

La guerra de Estados Unidos e Israel en contra de Irán no tiene, ni el interés de rescatar la democracia en ese país gobernado por una dictadura teocrática, -o sea por líderes religiosos-, ni alguna otra razón de peso que justifique el alto costo en vidas humanas de una confrontación bélica. El argumento relativo al poderío bélico de Irán como un riesgo mundial parece haber estado magnificado, según dicen expertos.

Son los intereses económicos a final de cuentas, y seguramente en la guerra con Irán prevalecen los vinculados al control de la producción de petróleo de esa región.

Sin embargo, todo ésto va generando una economía de guerra dónde la producción de armamento y de insumos militares tiene un peso importante.

Quizá a esto responde la transformación de nuestros cárteles en ejércitos paramilitares con equipos de altísima tecnología, -comprados en el extranjero-, lo cual nos dimensiona los peligros futuros.

La irresponsable política, -en el ámbito de la seguridad pública-, del gobierno del presidente López Obrador, permitió esta transformación. Su pasividad estimuló la profesionalización de los cárteles en el ámbito militar.

Sin embargo, en este contexto de guerra iniciado por Estados Unidos, la posición geográfica de Mexico, -colindando con esa potencia militar-, nos pone en una situación de alto riesgo, pues grupos terroristas islámicos pudiesen buscar alianzas con los cárteles mexicanos para introducirse en el territorio norteamericano para desarrollar actos terroristas, lo cual tendría fuerte impacto para México.

Estas alianzas incrementarían la capacidad operativa de estos grupos delincuenciales de origen nacional.

Además, frente a este contexto mundial y su posible impacto local, es evidente que nuestras Fuerzas Armadas deben concentrarse aún más en vigilar los riesgos para nuestra seguridad nacional y no distraer su atención en funciones empresariales

encomendadas por el Poder Ejecutivo, - como lo es la construcción y administración de proyectos comerciales, ya sean aeropuertos, puertos marítimos, hoteles y hasta una aerolínea comercial.

La capacidad de respuesta de nuestros cárteles exhibe el conocimiento de estrategias paramilitares.

La formación y fortalecimiento de una economía de guerra globalizada estimulará el nacimiento de nuevos conflictos bélicos en territorios que hoy aún no visualizamos.

Y que en estas conflagraciones militares esté involucrado Estados Unidos, pone en riesgo nuestra porosa frontera con ese país. La presidenta Sheinbaum debiese considerar estos escenarios futuros en sus próximas decisiones.

Vigilar nuestra frontera norte es fundamental.

NI LO UNO … NI LO OTRO

Estamos acostumbrados a siempre optar por una opción. Una u otra, cuando hay un conflicto. Sin embargo, hay veces que ninguna de las opciones es buena.

Ni debemos aplaudir la visión guerrera del presidente Trump, pero tampoco victimizar y solidarizarnos con Irán, un país dominado por una teocracia represiva.

De las dictaduras, la teocrática es la peor, pues reprime y controla hasta la vida privada de las personas, a partir de una rígida moral religiosa.

La sharía es el conjunto de leyes vigentes en el Islam que controlan la conducta privada. Infringir esas normas puede traer como consecuencia castigos violentos, como los aplicados en Afganistán en contra de las mujeres que no se ajustan a los códigos de vestimenta autorizados.

Los gobiernos islámicos fundamentalistas son machistas y por ello las mujeres no tienen derechos y son tratadas como objeto en posesión del marido.

La revolución en Irán, -que instauró en 1979 a la república islámica encabezada por el ayatola Jomeini-, fue un retroceso para un país que ya vivía en la modernidad y tenía libertades similares a las vigentes en Europa.

Cuando un líder religioso fundamentalista tiene poder político se siente con el derecho de imponer sus normas morales. En el mundo musulmán se castiga con crueldad infringir las reglas: desde azotes en la plaza pública hasta cárcel.

La “policía moral” se encarga de castigar faltas, como sucedió el 13 de septiembre del 2022 cuando la joven Mahsa Amini, de 22 años, fue detenida y subida a una

patrulla para llevarla a la comisaría, por el único delito de utilizar incorrectamente el hijab, que es el velo que cubre la cabeza de las mujeres musulmanas. En el trayecto fue golpeada brutamente por los policías, de modo tal que al llegar a su destino traía una hemorragia cerebral que le causó la muerte.

LA REFORMA ELECTORAL

Es muy sospechoso que la propuesta de reforma electoral de la presidenta Sheinbaum no contemple impedir la participación del crimen organizado en las elecciones y en cambio toda la propuesta se resuma en darle beneficios a Morena.

¿Y los derechos del electorado?

Se ha vuelto una práctica tolerada que después de ganar una elección, algunos legisladores, -así como alcaldes-, decidan abandonar el partido con el que los electores les dieron el voto, para pasarse a otro.

¿Y los derechos del elector, que votó por un candidato, pero arropado por un partido que representa los valores con los que éste se identifica ideológicamente?

Once de los alcaldes que ganaron la elección en 2025, -en el Estado de Veracruz-, cambiaron de partido al tomar posesión.

Esto representa el robo del voto ciudadano.

Una reforma judicial que tuviese en el centro de sus prioridades velar por los derechos del ciudadano, estaría impidiendo el cambio partidista hasta después que finalice el periodo para el que este funcionario fue electo.

Es evidente que esta reforma sólo pretende eternizar a MORENA en el poder.