El sendero por el que transita la pomposamente autodenominada Cuarta Transformación es cada vez más estrecho y está asediado por alimañas.
Es indefendible la reforma al Poder Judicial. Nuestro máximo órgano de administración de justicia ha sido exhibido en su incompetencia y ha perdido respetabilidad para cumplir su delicada tarea. Ejemplos sobran: las ministras María Estela Ríos, cuyas intervenciones y votaciones han generado confusión y críticas por contradecirse o Lenia Batres frenando un cobro por casi 6 mil mdp en impuestos al ISSSTE, dirigido por su hermano.
Es empeño infructuoso encontrar antecedentes del profundo desprestigio de la política. El daño hecho a la humanidad desde el poder, concebido para fines nobles, ha sido epopéyico, si se me permite la hipérbole.
Sin embargo, como siempre, hay liderazgos dignos de ser imitados. Ya en el siglo XXI destacan: Nancy Pelosi, Fernando Henrique Cardoso, José Mujica, Angela Merkel, Volodimir Zelenski, María Corina Machado, Mark Carney, Ursula von der Leyen y, desde luego, los papas Francisco I y León XIV. Estos diez personajes tienen muchas virtudes en común, aunque dos me parecen las más relevantes: la pasión por un ideal y la defensa de la ley. La armonía es el fin de la gobernanza; sincronización, entendimiento, racionalidad. En resumen: coordinación.
¿Qué ideal nos convoca hoy a los mexicanos? Siendo realistas, evitar un mayor deterioro de nuestras instituciones democráticas mediante la reconstitución del Estado de derecho.
Juristas de todos los tiempos han hablado de los principios fundamentales y señalan, entre otros, los siguientes:
Generalidad, el fin del derecho es el bien común. Todos somos iguales ante la ley. En nuestro caso se legisla coyunturalmente, con dedicatoria o en beneficio de intereses particulares olvidándonos del todo. Nuestro derecho electoral ha sido producto del partidismo, es una normatividad sesgada. No se protege el valor principal: la voluntad ciudadana.
No retroactividad. Los ordenamientos, por su naturaleza, son prospectivos. No se pueden afectar derechos adquiridos. Al atentar contra la seguridad, ahora todos nos sentimos amenazados, el ambiente menos propicio para el desarrollo y el bienestar.