¿La IA está destruyendo libros antiguos para entrenarse? De esto trata el 'escaneo destructivo'

Imagen ¿La IA está destruyendo libros antiguos para entrenarse? De esto trata el 'escaneo destructivo'

Por: Marcelo Bermúdez

Empresas dedicadas al desarrollo de inteligencia artificial están comprando grandes cantidades de libros usados, antiguos y fuera de circulación para digitalizarlos y utilizarlos como material de entrenamiento de sus modelos, una práctica que ha generado preocupación entre libreros, coleccionistas y especialistas en patrimonio cultural.

De acuerdo con reportes recientes, algunos proveedores ofrecen adquirir hasta millones de ejemplares, incluidos títulos raros o especializados, para realizar un proceso conocido como "escaneo destructivo". Este consiste en cortar el lomo del libro, digitalizar todas sus páginas con escáneres industriales y posteriormente desechar el ejemplar físico.

El debate se intensificó luego de que salieran a la luz documentos judiciales relacionados con Anthropic, empresa desarrolladora del asistente Claude, que describen un proyecto interno para comprar y digitalizar millones de libros impresos con ese método. La compañía ha sostenido en tribunales que este tipo de digitalización constituye un uso transformativo bajo la legislación estadounidense, aunque el procedimiento sigue siendo objeto de controversia.

Libreros de Europa y Norteamérica también han reportado un aumento inusual en pedidos de obras poco comunes, muchas de ellas difíciles de conseguir, lo que ha despertado inquietud por la posible desaparición de ejemplares físicos con valor histórico o cultural.

Especialistas señalan que los libros impresos antes del auge de la inteligencia artificial son especialmente valiosos porque contienen texto producido por autores humanos y no material generado por otros modelos de IA, lo que ayuda a evitar que los sistemas aprendan de contenido sintético de baja calidad.

Aunque la práctica puede ser legal cuando los libros son adquiridos legítimamente, el debate continúa por sus implicaciones éticas y culturales, especialmente cuando se trata de ejemplares escasos o difíciles de reemplazar. Organizaciones de libreros y editores han pedido mecanismos que permitan preservar las obras físicas mientras se desarrolla la inteligencia artificial.

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