Fieles y sacerdotes celebran el martirio del padre Darío con misas, confirmaciones y visita a su tumba en la catedral de Veracruz
Una peregrinación de fieles provenientes de Naolinco llegó hasta la catedral de Veracruz para conmemorar el martirio del padre Ángel Darío Acosta Zurita, sacerdote naolinqueño beatificado por el Papa Francisco en 2005 y cuya tumba se encuentra en ese recinto.
La devoción que los habitantes de Naolinco guardan por el beato Darío va más allá del orgullo regional. Para esta comunidad del centro del estado, él no es solo un personaje histórico ni una figura religiosa distante, sino alguien muy cercano, casi de familia. Así lo expresó el propio párroco que encabezó la peregrinación.
El padre Ángel Darío un hermano en el cielo que ruega por nosotros
El padre Carlos Reinaldo Domínguez Aguilar, párroco de la iglesia de San Mateo en Naolinco, con evidente emoción, describió lo que significa para su comunidad este día de fiesta y el motivo de la visita a la catedral de Veracruz.
"Muy contento de celebrar este martirio de nuestro querido padre Darío Acosta, con el gusto de saber que Naolinco es su tierra natal, y de ahí nosotros nos sentimos orgullosos y felices de poder compartir este día de fiesta y ahorita venimos todos a pagar la visita aquí a la tumba del padre Darío".
El sacerdote subrayó que el vínculo que sienten con el beato no se limita a compartir origen geográfico. Para los naolinqueños, el padre Darío representa algo más profundo: un intercesor, un hermano que desde el cielo sigue acompañando a su pueblo.
"El padre Darío no solo es nativo de Naolinco, sino que muchos naolinqueños tenemos ese deseo, ese gusto siempre de verlo no solo como a un naolinqueño, sino como un hermano que en el cielo ruega por nosotros".
Nueve décadas después, la memoria del mártir sigue viva
La historia del beato Ángel Darío Acosta Zurita está profundamente marcada por el contexto religioso y político que vivió México en la primera mitad del siglo XX. El ahora beato, fue un sacerdote nacido en Naolinco, fue asesinado el 25 de julio de 1935, el día en que había acudido a la catedral de Veracruz a realizar bautizos.
Su muerte ocurrió en medio de la persecución religiosa que azotó al país durante aquella época, cuando ejercer el sacerdocio implicaba un riesgo real para la vida.
Casi siete décadas después de su martirio, la Iglesia Católica lo reconoció oficialmente. Su beatificación, celebrada en 2005, fue un hecho que marcó a Naolinco de manera definitiva. Desde entonces, el pueblo lo venera no solo como un religioso ejemplar, sino como alguien que entregó su vida por sus convicciones de fe en suelo veracruzano.
Hoy, su tumba en la Catedral de Veracruz se ha convertido en un destino de peregrinación para quienes lo tienen por intercesor, en especial para los habitantes de su tierra natal, que año con año hacen el recorrido para "pagarle la visita", como lo dijo con naturalidad el propio padre Domínguez Aguilar.
Festividades que comenzaron el 22 de julio
Las celebraciones en honor al beato Darío no se concentran en un solo día. Este año, el programa de actividades arrancó el 22 de julio con un triduo en la parroquia de San Mateo Apóstol en Naolinco, que incluyó primeras comuniones como parte del ambiente de fiesta religiosa que se vive en el municipio. Entre los momentos más esperados del calendario festivo se encuentran:
- Triduo de preparación iniciado el 22 de julio, con primeras comuniones.
- Peregrinación de fieles naolinqueños a la catedral de Veracruz para visitar la tumba del beato.
- Celebración de la fecha del martirio: 25 de julio.
- Visita del arzobispo de Xalapa, Jorge Carlos Patrón Wong, el viernes 31 de julio, para impartir el sacramento de la confirmación en la parroquia de San Mateo Apóstol.
La presencia del arzobispo Jorge Carlos Patrón Wong, figura de alto rango dentro de la arquidiócesis de Xalapa, subraya la relevancia que la Iglesia Católica en Veracruz le sigue dando a la figura del beato Darío y a las comunidades que lo veneran.
Naolinco, tierra de fe y memoria
Para quienes no conocen Naolinco, se trata de un municipio ubicado en la zona central del estado de Veracruz, conocido también por su producción artesanal de calzado y por su arquitectura colonial. Pero para sus habitantes, uno de los mayores motivos de identidad es, precisamente, haber dado al país un mártir católico reconocido por el Vaticano.
La peregrinación a la catedral no es solo un acto de devoción individual; es una expresión colectiva de pertenencia. Familias enteras, jóvenes y adultos mayores recorren juntos el camino hasta Veracruz para estar frente a la tumba de ese sacerdote que murió hace noventa y cinco años pero que, para su comunidad, sigue tan presente como siempre.
