"Cobran piso por vivir en casa", denunció el obispo de Morelos, Ramón Castro, al acusar que en la comunidad de Huautla el crimen organizado cobra derecho de piso a las familias que viven en la localidad.
El párroco de Huautla denunció que se vio obligado a abandonar la zona ante amenazas que ponían en riesgo su vida: "Esto hermanos, es un asunto de seguridad pública, es un crimen contra el alma de un pueblo".
Dijo que “en uno de los rincones más pobres y más olvidados de nuestro estado, en Cuautla, tierra de gente sencilla y trabajadora, tierra golpeada desde hace años por la pobreza y la migración, tierra que ha visto partir a sus hijos en busca del pan que allí no tienen.
Y es que denunció que “el crimen organizado ha llegado a un grado de crueldad que ya no tiene nombre. Cobran cuota, cobran piso simplemente por vivir allí, simplemente por tener una casa. No lo cobran por un negocio o por mercancía. Lo cobran por vivir, por tener esa casa, por existir en esa tierra que es suya y que el crimen quiere apropiarse sin más título que la amenaza y el miedo”.
Citó “cuando el párroco de San Francisco de Asís en Huautla, (en el municipio de Tlaquiltenango) se convirtió en el último reducto de esperanza para la comunidad, como tantas veces lo es el sacerdote en los pueblos más vulnerables de México. Cuando su presencia y su palabra eran el único apoyo que le quedaba a la gente para no hundirse en la desesperación, el crimen organizado lo amenazó con quitarle la vida”.
Continuó: “Hoy Huautla está sin pastor. Pensémoslo bien. Una comunidad empobrecida, golpeada por la migración, sometida al miedo del crimen organizado. No tiene quien le celebre la Eucaristía. No tiene quien le acompañe los enfermos en su luz en su lecho de dolor o de muerte. No hay quien les bautice a sus recién nacidos. Ni quien entierre a sus muertos”.
Y denunció: “El crimen organizado no solo ha extorsionado a esa gente. Ha apagado la última luz que les quedaba. Ha intentado borrar hasta la presencia de Dios en medio de ellos. Esto, hermanos, no es un asunto de seguridad pública. Es un crimen contra el alma de un pueblo y como obispo de esta diócesis lo denuncio con toda la fuerza de mi voz pastoral”.