Detrás de la preparación de un cuerpo para su último adiós hay mucho más que técnicas y productos químicos. También se necesita empatía, respeto y sensibilidad para acompañar a las familias en uno de los momentos más difíciles de su vida. Así lo explica Constanza Rosales Saldívar, quien encontró en la curiosidad por el cuerpo humano el camino para convertirse en embalsamadora.
Desde pequeña, Constanza sintió interés por conocer cómo funciona el cuerpo humano y qué sucede después de la muerte. Esa curiosidad fue la que la llevó a estudiar esta profesión, en la que aprendió que su trabajo no consiste únicamente en preparar a una persona fallecida, sino también en tratar con dignidad a quienes atraviesan un duelo.
“Este trabajo no es solo arreglar a los finados, sino también ayudar a la familia”, expresó.
La joven explicó que cada caso es distinto, pues las circunstancias de una muerte pueden variar entre causas naturales, accidentes u homicidios. Por ello, considera fundamental saber cómo tratar a cada familia y comprender que detrás de cada cuerpo hay una historia y personas que enfrentan una pérdida.
Aunque durante su formación recibió preparación sobre el trato con los familiares, señaló que no todos los embalsamadores tienen contacto directo con ellos. En su caso, cuando participa en el retiro de cuerpos en hospitales, procura mantener una actitud respetuosa y solidaria.
“Uno no tiene que ver a las personas que recibe como un simple objeto”, afirmó.
La ciencia detrás del embalsamamiento
Al recordar la primera vez que trabajó con un cuerpo, Constanza contó que no sintió miedo ni repulsión. Por el contrario, su curiosidad y la determinación de realizar bien su trabajo fueron las sensaciones que predominaron, incluso cuando todavía era practicante.
.png)
Antes de comenzar el procedimiento, explicó, es importante conocer el nombre de la persona fallecida y la causa de muerte. Esta información permite tomar precauciones ante posibles enfermedades contagiosas y ayuda a realizar el trabajo con mayor seguridad.
También aclaró que, aunque existe la creencia de que hablarle a un cuerpo puede ayudar a que se relaje, la rigidez que aparece después de la muerte tiene una explicación científica: el rigor mortis.
Cuando un cuerpo presenta rigidez, los embalsamadores utilizan productos específicos para tratarlo y facilitar su preparación. Posteriormente, pueden acomodarlo y realizar los arreglos necesarios para que la familia pueda despedirse de su ser querido.
Aunque durante su trabajo ha escuchado golpes y ha visto objetos caer ocasionalmente, Constanza no considera que se trate de fenómenos sobrenaturales. Atribuye estas situaciones a las condiciones del lugar donde trabaja y asegura que, personalmente, no cree en los espíritus.
El caso que más le ha afectad
Pese a la preparación profesional, hay situaciones que pueden dejar una huella emocional. Para Constanza, uno de los casos más difíciles que ha atendido fue el de un bebé de apenas seis meses.
Recordó que el pequeño había recibido buenos cuidados, algo que, desde su experiencia, puede percibirse al preparar un cuerpo. Aunque no recuerda con exactitud la causa del fallecimiento, reconoció que sostener a un bebé tan pequeño fue una experiencia que la afectó.
Ante este tipo de situaciones, cada embalsamador encuentra su propia manera de procesar las emociones. En su caso, Constanza encuentra tranquilidad al terminar el procedimiento y comprobar que el cuerpo está en buenas condiciones para ser entregado a sus familiares.
“Esa es mi forma de relajarme, como decir: hice un buen trabajo”, explicó.
Para ella, lograr que la familia reciba a su ser querido con dignidad y se sienta conforme con la preparación es una parte importante de su labor.
Así, entre procedimientos científicos, experiencias difíciles y el contacto con familias que enfrentan una pérdida, Constanza Rosales Saldívar ejerce una profesión poco conocida, pero fundamental para acompañar el último adiós de quienes han fallecido.
Foto: Gemini