El precio oculto que pagó Veracruz por la Independencia de México

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Por: Beatriz Olivia Pérez
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A más de dos siglos del inicio de la lucha independentista, la memoria histórica suele centrarse en figuras icónicas, dejando de lado el sacrificio colectivo y el rol estratégico que jugaron diversos puntos del país. Entre ellos destaca San Juan de Ulúa, una fortaleza que se convirtió en el último reducto de la resistencia española frente al proceso de emancipación.

De acuerdo con el historiador Mario Armando Castañeda Gutiérrez, la fortaleza desempeñó un papel fundamental que rebasó su concepción original como punto de defensa para la población:

"Fue el punto escogido por los españoles que se negaban a aceptar la independencia para resguardarse, esperar provisiones y atacarle el tiempo que fuera necesario para resistir hasta que llegara una escuadra naval de España para reconquistar este territorio".

Durante cuatro años, los defensores del lugar resistieron desde esta estructura calificada por el especialista como "una fortaleza formidable".

El impacto en el puerto de Veracruz

La prolongada resistencia española trajo consigo severas consecuencias para la vida económica y social de la región. El historiador relata que las fuerzas españolas:

"Hostigaron, bombardearon de forma muy cruel al puerto de Veracruz, lo destruyeron, lo que provocó que justamente el puerto quedara prácticamente deshabitado... y quedó abandonada buena parte del puerto, lo cual paralizó una actividad tan importante para esta ciudad desde sus orígenes históricos como era el comercio, tanto interno como transatlántico".

¿Cómo se logró la expulsión de los españoles?

El proceso que llevó a la rendición final del recinto fortificado combinó la presión militar con el desgaste por el bloqueo y las enfermedades. Al respecto, Castañeda Gutiérrez explica:

"Aquí se trató de dos maneras, por así decirlo, principales: la cuestión de la presión militar y también la cuestión de la negociación... En un primer momento se trató de negociar, las ambas partes como que tenían cierta disposición, pero posteriormente los españoles tomaron una actitud completamente cerrada".

Ante la negativa de continuar con las negociaciones, el gobierno republicano encabezado por el primer presidente de México, Guadalupe Victoria, optó por la vía militar aprovechando el cerco en el que se encontraban los españoles. Las condiciones sanitarias jugaron un papel decisivo:

"Dejaron que las enfermedades hicieran lo suyo, por ejemplo, hubo un severo brote de escorbuto, también la cuestión de la fiebre amarilla... Posteriormente cercaron, sitiaron por mar la llegada de provisiones, los dejaron sin provisiones, lo cual provocó hambrunas, provocó desesperación, provocó pánico".

Estas acciones, sumadas al bloqueo naval de la primera armada mexicana —creada por Pedro Sáinz de Baranda bajo el imperio de Agustín de Iturbide— y a las crisis sanitarias, asfixiaron a las tropas españolas. Finalmente, el brigadier José Coppinger, último gobernador español de la fortaleza, reconoció la imposibilidad de sostener la defensa y rindió el recinto ante el general Miguel Barragán.

Reflexión histórica

A manera de conclusión sobre esta fecha conmemorativa, el historiador Mario Armando Castañeda Gutiérrez enfatizó la necesidad de mirar más allá de los relatos oficiales y valorar el peso de los sectores populares en la construcción de la nación:

"Realmente se olvida que el grueso de las filas fueron población común, hablamos de indígenas, mestizos, pardos, mulatos, afromestizos... No hay que perder de vista que estos grupos sociales vulnerados durante los siglos del dominio español lucharon por la convicción real de lograr mejorar sus condiciones de vida y de lograr tener un territorio propio para poder habitarlo".

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