¿Sabes cómo ayudar a una persona ciega? Esto debes hacer si te la encuentras en la calle

Imagen ¿Sabes cómo ayudar a una persona ciega? Esto debes hacer si te la encuentras en la calle

Por: Joel Cruz
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En las calles de Veracruz y de cualquier ciudad del país es frecuente cruzarse con personas con discapacidad visual que se desplazan solas, sin acompañante, usando su bastón blanco como única herramienta de orientación.

En esos momentos, muchos transeúntes sienten el impulso de ayudar pero no saben cómo hacerlo, y terminan por no hacer nada. 

La buena noticia es que ayudar a una persona ciega a cruzar una calle no requiere entrenamiento especial ni conocimientos técnicos. Solo hace falta saber exactamente qué hacer y, sobre todo, qué no hacer.

Preguntar primero

Félix Cáceres, docente del Centro de Educación Especial de Trastornos Visuales (CEETV) y presidente del Consejo Directivo de la Asociación Civil, tiene años trabajando con personas invidentes y conoce de cerca la realidad que enfrentan al moverse por la ciudad. Para él, el primer paso es siempre el más sencillo: preguntar.

"Pueden acercarse, realmente preguntar: '¿Necesita ayuda?', si decimos que sí para atravesar una calle la persona lo único que tiene que hacer es ofrecernos su codo, su brazo para que de ahí nos tomemos y podamos atravesar, o el hombro, nos podemos apoyar del hombro".

Al ofrecer el codo o el antebrazo, quien ayuda no necesita soltar lo que lleva en las manos, ya sea una bolsa del mandado, una mochila o cualquier otro objeto.

La persona con discapacidad visual, por su parte, simplemente se guía del movimiento natural del cuerpo de quien la acompaña y camina a su propio ritmo. 

El error más común: agarrar en lugar de guiar

Uno de los actos más frecuentes cuando alguien quiere ayudar a una persona invidente es tomarla del brazo y conducirla casi a la fuerza, como si se tratara de dirigir un carrito.

Este gesto, aunque bien intencionado, resulta incómodo e incluso puede ser peligroso, porque el invidente pierde el control de su propio desplazamiento y no puede anticipar hacia dónde va su cuerpo.

La diferencia entre guiar y jalar puede parecer pequeña, pero para quien no puede ver es enorme. Cuando una persona ciega se toma del codo de otra, recibe información constante a través del movimiento: siente cuándo se detiene, cuándo gira, cuándo sube un escalón. 

Cruzar la calle, el mayor reto del día

Entre todos los desafíos que enfrenta una persona con discapacidad visual al moverse por la ciudad, cruzar una calle es, de lejos, el más complejo.

Los semáforos sonoros no están en todas las esquinas, los autos no siempre respetan los pasos peatonales y el ruido urbano puede dificultar identificar desde dónde viene un vehículo.

La ciudadanía muchas veces quiere ayudar pero no sabe cómo, y ante esa duda prefiere mantenerse al margen. El resultado es que personas invidentes quedan paradas en la orilla de la banqueta esperando que alguien se decida a acercarse.

Para evitar esa situación, aquí están los pasos básicos que cualquier persona puede seguir:

  • Acércate con calma y sin sorprender a la persona, anuncia tu presencia con voz tranquila.
  • Pregunta directamente: "¿Necesita ayuda para cruzar?" Respeta si la respuesta es no.
  • Si acepta, ofrece tu codo o antebrazo, no lo tomes del brazo sin su consentimiento.
  • Camina a un ritmo normal, sin apresurarte ni frenarte de golpe.
  • Avisa con anticipación si hay un escalón, un obstáculo o un cambio de dirección.
  • Una vez que hayan cruzado, espera a que te indique si necesita más ayuda o si puede continuar solo.

Personas productivas con una limitante

Las personas con discapacidad visual llevan vidas activas y productivas. Trabajan, estudian, hacen deporte, se desplazan en transporte público y participan plenamente en la vida social. 

El CEETV trabaja precisamente en esa dirección: preparar a personas con trastornos visuales para desenvolverse con la mayor autonomía posible en entornos que no siempre están diseñados para facilitarles las cosas.

Una ciudad más incluyente empieza en la calle

La inclusión no siempre viene de grandes políticas públicas ni de programas institucionales. A veces llega en forma de un gesto simple: alguien que se acerca, pregunta con respeto y ofrece su codo para cruzar una calle juntos.

Veracruz, como cualquier ciudad mexicana en proceso de hacerse más accesible, tiene todavía mucho camino por recorrer en materia de infraestructura urbana adaptada.

Pero mientras eso avanza, la conciencia ciudadana puede marcar una diferencia real en el día a día de quienes viven con discapacidad visual.

 

Foto ilustrativa/Pexels

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