La violencia no se combate solo desde los palacios de gobierno ni desde las cúpulas del poder. Se combate también desde cada vecino que decide no voltear la cara. Con esa premisa, el obispo de Veracruz, Carlos Briseño Arch, lanzó este domingo un mensaje contundente a la sociedad veracruzana: mirar, actuar y denunciar.
El llamado del jerarca católico llegó en un momento especialmente sensible para el puerto. En días recientes, la comunidad fue sacudida por dos casos de violencia que encendieron las alarmas: el fallecimiento de un menor presuntamente víctima de maltrato, y la agresión que sufrió una joven de 20 años, supuestamente a manos de su pareja sentimental. Dos historias distintas, pero con un hilo común: el silencio de quienes pudieron ver y no hablaron.
Entrevistado en la catedral de Veracruz, antes de la misa de las 9:00 de la mañana, Briseño Arch conectó los hechos recientes con la lectura del Evangelio de este domingo, que aborda precisamente el tema de la corrección fraterna: la responsabilidad que tenemos los unos con los otros cuando algo está mal.
El obispo señaló que ser testigo de una injusticia no nos deja fuera de la ecuación moral. Todo lo contrario.
"Muchas veces podemos ser testigos de injusticias o de maltratos y creo que es una invitación a todos nosotros a que no seamos indiferentes ante lo que suceda a nuestro alrededor".
Para el prelado, la indiferencia no es neutralidad. Es complicidad. Y en situaciones donde está en juego la vida de una persona, especialmente la de un menor de edad, el silencio tiene nombre: pecado de omisión.
El obispo no pidió que la gente se convierta en justiciera por cuenta propia. Su mensaje tuvo una lógica clara y progresiva: primero acercarse a quien está actuando mal, buscar el diálogo, intentar la corrección. Pero si eso no funciona, el siguiente paso es ineludible.
"Primero acudamos a la persona que hace el mal, pero también en un momento dado, cuando esa persona no reacciona, denunciar".
Este punto cobra especial fuerza cuando las víctimas son menores de edad, quienes por su propia condición no tienen las herramientas ni la posibilidad real de defenderse solos. Ahí, dijo Briseño Arch, la responsabilidad de los adultos y de la comunidad entera se vuelve todavía más urgente.
"No quedarnos callados porque al final de cuentas aquí va la vida de un niño, va la vida de un ser humano".
Al referirse al caso específico de la joven de 20 años agredida presuntamente por su pareja, el obispo amplió el foco hacia el entorno familiar y la construcción de relaciones sanas desde edades tempranas. Para Carlos Briseño Arch, la violencia de pareja no surge de la nada: se alimenta de dinámicas que se aprenden, o que no se corrigen a tiempo.
Por eso señaló que los padres tienen un papel clave en acompañar a sus hijos e hijas para que aprendan a relacionarse desde el respeto mutuo, sin importar el género.
"Siempre hay que tener un respeto hacia la otra persona, ya sea mujer o hombre".
Un mensaje que, en el contexto actual del estado de Veracruz, donde los registros de violencia de género siguen siendo una preocupación constante, adquiere una dimensión especialmente relevante.
Quizás la parte más directa del discurso del obispo fue la que desmontó uno de los argumentos más comunes con los que la gente se desentiende de los problemas colectivos: que eso le toca resolverlo al gobierno.
"La solución de los problemas y dificultades en el mundo no dependen solamente de los gobiernos o solamente de las gentes que tienen poder. También dependen de cada uno de nosotros".
Briseño Arch no restó responsabilidades a las autoridades, pero sí dejó en claro que la ciudadanía no puede ni debe subcontratar su conciencia social. Construir un entorno más seguro, más justo y más respetuoso es una tarea que empieza en casa, en la colonia, en el trabajo, en cualquier espacio donde convivimos con otros.
El llamado del obispo de Veracruz no fue solo un pronunciamiento religioso. Fue un recordatorio de que la sociedad civil tiene voz, tiene ojos y tiene la obligación moral de usarlos. Especialmente cuando los más vulnerables no pueden hacerlo por sí mismos.