Los trastornos de la conducta alimentaria no siempre están relacionados únicamente con la alimentación o con una preocupación por el aspecto físico. Detrás de algunos comportamientos pueden existir factores emocionales y personales que requieren atención especializada, explicó , la nutrióloga Marlen Alanis Sen Bravo.
La especialista señaló que uno de los casos que pueden presentarse es el trastorno por atracón, en el que una persona puede atravesar periodos de restricción alimentaria y posteriormente consumir grandes cantidades de comida, como respuesta a una necesidad emocional.
“Hay cuestiones que no necesariamente tienen que ver solo con el contexto físico, sino que ya tienen un trasfondo muy emocional, muy personal, que deriva en trastornos de alimentación”, explicó.
De acuerdo con la nutrióloga, esta situación también puede presentarse en personas que desean modificar sus hábitos alimenticios por motivos de salud o estética, pero encuentran dificultades para lograrlo. En algunos casos, preocupaciones, emociones o hábitos adquiridos desde hace tiempo pueden interferir con la posibilidad de realizar cambios sostenibles.
Por ello, destacó la importancia de realizar una evaluación integral y, cuando sea necesario, contar con el acompañamiento de distintos profesionales de la salud.
“Nosotros como personas, como seres humanos, no somos una cosa nada más. Somos alimentación, somos emociones, somos el contexto”, señaló.
En este sentido, explicó que el profesional de la salud mental puede ayudar a trabajar aspectos relacionados con los pensamientos, las emociones y la perspectiva de la persona, mientras que el nutriólogo puede traducir esa información en recomendaciones alimentarias o un plan que se adapte a las condiciones y necesidades de cada paciente.
La especialista también hizo un llamado a evitar los cambios drásticos en la alimentación y la búsqueda de resultados inmediatos. Consideró que comenzar con modificaciones pequeñas puede facilitar que los nuevos hábitos se mantengan a largo plazo.
Como ejemplo, mencionó que una persona que consume refresco diariamente puede encontrar difícil eliminarlo de un día para otro, por lo que puede ser más viable establecer cambios progresivos.
“A veces queremos hacer las cosas perfectas, hacerlo todo de una, pero realmente podemos ir empezando con cambios muy pequeños, de pasito a pasito”, comentó.
La nutrióloga subrayó que el objetivo no debería ser únicamente conseguir cambios durante algunas semanas o meses, sino desarrollar hábitos que puedan mantenerse con el paso del tiempo y contribuyan a una transformación duradera del estilo de vida.
Finalmente, consideró que cuidar la alimentación también forma parte del autocuidado y del amor propio, siempre desde una perspectiva que tome en cuenta no solamente lo que una persona come, sino también sus emociones, su entorno y su realidad cotidiana.
Foto: Pexels