Un siglo después de que México viviera uno de los episodios más dolorosos de su historia reciente, la Diócesis de Veracruz tomó la palabra para recordar la Guerra Cristera no como una batalla que se ganó o se perdió, sino como una herida colectiva que todavía puede enseñarnos algo. El llamado llegó a través del padre Aurelio Mojica Limón, párroco de la Catedral de Veracruz y vocero diocesano, quien explicó el sentido del comunicado que el Episcopado Mexicano emitió con motivo del centenario del inicio de la persecución cristera.
El mensaje de la Iglesia, lejos de querer encender viejas disputas, apunta hacia algo más constructivo: la reconciliación, el respeto a la libertad religiosa y la construcción de una paz que todavía está en proceso.
Lo primero que dejó claro el padre Mojica Limón es que el Episcopado no pretende reabrir heridas con un espíritu de confrontación. El centenario no es una invitación a revivir el conflicto ni a señalar culpables. Es, en todo caso, una oportunidad para mirar hacia atrás con madurez.
"Ellos no hablan de recordar una guerra o quién ganó, quién perdió, sino sobre todo de recordar estas heridas sin ánimo de ofender ni de causar polémica, sino como un aprendizaje en el caminar". Padre Aurelio Mojica Limón, vocero de la Diócesis de Veracruz
Esta postura marca el tono de cómo la Iglesia Católica en México quiere abordar este aniversario: con serenidad, con memoria y con la mirada puesta en lo que todavía queda por construir, no en lo que se destruyó hace cien años.
Para quienes no están tan familiarizados con este capítulo de la historia nacional, vale la pena ponerlo en contexto. La Guerra Cristera, también conocida como la Cristiada, fue un conflicto armado que enfrentó al gobierno federal mexicano con grupos de creyentes católicos que se opusieron a las políticas anticlericales impulsadas a mediados de la década de 1920. El Estado imponía restricciones severas al ejercicio de la fe: limitaba el número de sacerdotes que podían ejercer, prohibía la presencia de ministros extranjeros, controlaba los bienes de la Iglesia y restringía la vida religiosa en general.
Ante eso, miles de mexicanos —entre ellos laicos, mujeres y comunidades enteras— se organizaron para exigir que se respetara su derecho a practicar su fe. El conflicto dejó miles de muertos y marcó profundamente la relación entre la Iglesia y el Estado en México durante décadas.
El padre Mojica Limón destacó especialmente el papel que jugaron los laicos y las mujeres en ese contexto, quienes trabajaron activamente para que se respetaran los derechos relacionados con la libertad de culto, muchas veces desde la sombra y sin el reconocimiento que merecían.
Uno de los puntos más importantes que subrayó el vocero diocesano es que, a diferencia de lo que ocurría hace un siglo, la relación entre la Iglesia y el Estado en México ha evolucionado de manera significativa. El parteaguas más claro llegó en 1992, cuando las reformas impulsadas en ese año reconocieron derechos formales para las asociaciones religiosas y abrieron un nuevo capítulo en el diálogo entre ambas instituciones.
Algunas de las restricciones que existían durante el periodo de persecución y que hoy ya no están vigentes incluían:
"Todo eso ha ido quedando atrás y ha traído también ciertos beneficios y derechos para la Iglesia". Padre Aurelio Mojica Limón, párroco de la Catedral de Veracruz
Este avance no significa que todo esté resuelto. El propio sacerdote reconoció que aún hay aspectos en los que se debe seguir trabajando para garantizar el pleno respeto a la libertad religiosa en México, pero el camino recorrido desde entonces es innegable.
El comunicado emitido por el Episcopado Mexicano con motivo del centenario pone el acento en algo que va más allá de la memoria histórica: el derecho de toda persona a vivir, expresar y practicar su fe libremente. En un país donde la diversidad religiosa es cada vez mayor y los debates sobre laicidad siguen presentes, este recordatorio tiene peso real.
El documento también hace hincapié en la necesidad de seguir fortaleciendo la unidad social. No como un ideal abstracto, sino como una tarea concreta que requiere voluntad de todas las partes: instituciones, comunidades y ciudadanos de a pie.
Desde el puerto, la Diócesis de Veracruz se sumó a esta reflexión nacional con un mensaje claro: la historia debe servir para aprender, no para dividir. El padre Mojica Limón reiteró que la relación entre la Iglesia y el Estado en México "ha crecido y ha mejorado", y que el llamado del Episcopado es a seguir construyendo caminos de reconciliación, convivencia y paz social.
En tiempos en que los debates sobre religión, laicidad y libertad de conciencia siguen siendo relevantes en la conversación pública, conmemorar los cien años del inicio de la persecución cristera con ese espíritu parece, cuando menos, un gesto de madurez institucional. Y en Veracruz, esa voz llegó desde la Catedral, en el corazón del puerto.
Foto: ChatGPT