Tu intestino y tu estado de ánimo están más conectados de lo que crees

Imagen Tu intestino y tu estado de ánimo están más conectados de lo que crees

Por: Luis Alberto Luna Ramírez
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  • La nutrióloga Mariel Salas explica cómo la microbiota intestinal influye directamente en la salud mental y el bienestar emocional

¿Te has preguntado por qué hay días en que te sientes de mal humor, cansado o sin energía, aunque duermas bien, hagas ejercicio y hasta vayas a terapia? La respuesta podría estar en tu intestino. Así lo explicó la licenciada en nutrición Mariel Salas en una entrevista con XEU Noticias, donde abordó la conexión entre la salud mental y la microbiota intestinal, un tema que cada vez cobra más relevancia en el mundo de la nutrición y la medicina preventiva.

Las vellosidades intestinales: el coral que vive dentro de ti

Para entender el vínculo entre el intestino y el cerebro, primero hay que conocer cómo funciona el revestimiento del sistema digestivo. Salas lo explicó de una forma muy visual y sencilla: las vellosidades intestinales son como el coral de la película de Nemo, esas estructuras pequeñas y delgadas que recubren el interior del intestino y cuya función principal es absorber los nutrientes que consumimos en cada comida.

Cuando esas vellosidades están sanas, el cuerpo puede aprovechar correctamente los carbohidratos, proteínas y grasas de los alimentos. Pero cuando están dañadas o en desequilibrio, la absorción se ve comprometida y empiezan a aparecer síntomas que muchos normalizamos sin darles la importancia que merecen:

  • Reflujo y gastritis frecuente
  • Colitis y distensión abdominal
  • Gases y problemas de motilidad intestinal
  • Antojo constante de dulces
  • Cansancio sin causa aparente
  • Mal humor o cambios de ánimo

Cuando se presentan varios de estos síntomas juntos, es una señal de que podría haber una disbiosis intestinal, es decir, un desequilibrio en los microorganismos que habitan el intestino.

El intestino produce serotonina: la hormona de la felicidad

Aquí viene el dato que quizás más sorprende y que explica por qué el intestino es conocido como el "segundo cerebro": una parte importante de la serotonina, la hormona que nos mantiene contentos y emocionalmente estables, se produce precisamente en el intestino.

"Si yo tengo una mala microbiota intestinal o unas vellosidades que tengan disbiosis o que no sean de buena calidad, no voy a estar segregando adecuadamente esta serotonina, por lo que me voy a sentir cansado, deficiente, quizá malhumorado".

Mariel Salas, licenciada en nutrición

Esto explica algo que muchas personas viven sin entender: tienen todo aparentemente cubierto, sueño de calidad, actividad física, atención psicológica y en algunos casos medicación, y aun así no se sienten del todo bien. La nutrióloga señala que cuando el componente nutricional y la salud intestinal se quedan fuera de la ecuación, el bienestar emocional simplemente no se completa.

Probióticos y prebióticos: el dúo que restaura tu intestino

La buena noticia es que el intestino puede recuperarse, y la alimentación juega un papel central en ese proceso. La especialista distinguió claramente dos elementos clave para lograrlo:

  • Probióticos: son los microorganismos vivos y activos que se encuentran en alimentos fermentados como el yogur, el kéfir y la kombucha. Ayudan a repoblar el intestino con bacterias beneficiosas.
  • Prebióticos: es la fibra presente en los alimentos que sirve de alimento para esos microorganismos. Sin prebióticos, los probióticos no tienen con qué nutrirse.

La combinación de ambos es lo que garantiza que las vellosidades intestinales se mantengan en buen estado y que la microbiota funcione de manera óptima. Un punto de partida concreto que mencionó Salas es consumir al menos 28 gramos de fibra al día, lo que equivale aproximadamente a tres o cuatro tazas de verdura distribuidas durante el día, acompañadas de cereales integrales en las principales comidas.

¿Y si la dieta no es suficiente? La suplementación tiene su lugar

En algunos casos, el cambio de alimentación no alcanza para restaurar la microbiota por sí solo, especialmente cuando la disbiosis es más severa o cuando los hábitos alimenticios han sido muy pobres durante mucho tiempo. Para esos casos, la suplementación con probióticos en cápsulas, geles u otras presentaciones puede ser una herramienta útil.

Sin embargo, la licenciada Salas fue muy clara al respecto: no todos necesitan suplementos y no cualquier probiótico sirve para cualquier situación. Existen distintas cepas de microorganismos diseñadas para necesidades específicas, algunas orientadas a mejorar la salud de la piel, otras para equilibrar la flora vaginal, algunas para apoyar en procesos de pérdida de peso y otras pensadas para casos de diarrea o enfermedades gastrointestinales agudas.

"Lo ideal primero, si te sientes mal, ir con el doctor, para que él te diga y te indague bien qué es lo que está sucediendo. Mis recomendaciones siempre acercarse a un profesional de la salud para que te digan en específico qué es lo que necesitas".

Mariel Salas, licenciada en nutrición

La especialista advierte que comprar suplementos probióticos por cuenta propia, sin orientación profesional, no siempre es la mejor decisión. Muchas veces, un cambio real en la alimentación puede ser suficiente para que el cuerpo se recupere de manera natural, sin necesidad de gastar en suplementos.

Cambiar lo que comes puede cambiar cómo te sientes

El mensaje central de Mariel Salas es uno que conviene tener presente: la salud mental no depende únicamente de factores psicológicos o emocionales. Lo que ponemos en el plato todos los días tiene un impacto directo en cómo nos sentimos, en nuestra energía, en nuestro humor y en nuestra capacidad de enfrentar el día.

Una dieta alta en ultra procesados, azúcares y harinas refinadas contribuye activamente a deteriorar la microbiota intestinal y, con ello, a reducir la producción de serotonina. Por el contrario, una alimentación rica en fibra, alimentos fermentados y nutrientes de calidad puede ser uno de los pasos más poderosos, y muchas veces ignorados, para cuidar la salud emocional desde adentro.

Si sientes que algo no está del todo bien, que el cansancio no cede, que el mal humor aparece sin razón o que tu digestión anda revuelta, quizás ya es hora de poner atención a lo que comes y consultar con un especialista en nutrición.

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