El ex penal de Allende, ese imponente inmueble de estilo neoclásico que durante años estuvo abandonado a su suerte en pleno centro de la ciudad, está a punto de convertirse en el nuevo Centro Cultural de Artes de la Universidad Veracruzana (UV).
Para muchos veracruzanos, pasar por la avenida Allende, entre Francisco Canal y Hernán Cortés, significaba ver un edificio descuidado, manchado por el tiempo y ocupado a medias por instancias judiciales que eventualmente también lo dejaron ir. Eso, al menos en apariencia, está cambiando.
El inmueble fue construido en 1908, en los últimos años del régimen de Porfirio Díaz, quien lo mandó edificar como una de sus obras más representativas en esta región del país, justo después del puerto artificial de Veracruz.
En aquella época, la construcción quedaba prácticamente en los límites de la ciudad: hacia atrás solo había médanos. Hoy, ese mismo punto es el primer cuadro del puerto.
Su arquitectura neoclásica lo convierte en uno de los pocos testigos físicos que quedan del porfiriato en Veracruz, lo que le da un valor patrimonial que va mucho más allá de sus usos pasados.

Y esos usos han sido muchos: durante décadas funcionó como cárcel, luego sirvió como locación para filmaciones de cine, posteriormente cayó en manos de grupos delictivos que lo usaron como refugio, y en su etapa más reciente albergó juzgados de Primera Instancia en materia penal y dos agencias del Ministerio Público, antes de quedar prácticamente en el olvido.
Quien se acerque hoy al ex penal puede notar que algo está pasando. La fachada principal luce ya pintada en dos tonalidades que marcan un cambio radical de imagen: rojo oscuro y amarillo, colores que le dan una identidad visual más definida y que rompen con el gris opaco que lo caracterizó por años.

Al interior, los trabajos de remodelación han avanzado en los espacios destinados a convertirse en salones y áreas académicas, todo ello respetando la estructura original del inmueble, lo que es fundamental tratándose de un edificio con más de cien años de antigüedad.

En el exterior, los escombros y materiales de construcción ya fueron retirados, y en las jardineras que dan hacia la banqueta instalaron nuevas lámparas LED pintadas de verde.

También se colocaron algunas ventanas nuevas con estructura de un material que imita la madera, buscando mantener la estética histórica del lugar.
Entre los cambios visibles destacan:
El proceso de recuperación tiene pendientes. A pesar del avance en las obras, las áreas verdes del inmueble siguen siendo utilizadas por personas en situación de calle que duermen en los alrededores y hacen uso del espacio como si fuera un campamento improvisado.

Es una realidad que no puede ignorarse y que, más allá de las obras de infraestructura, representa uno de los desafíos sociales que se deberá atender para garantizar que el nuevo Centro Cultural pueda operar con normalidad y seguridad.
Esta situación no es nueva ni exclusiva de este inmueble. Es parte de un problema más amplio de movilidad urbana y atención a personas vulnerables en el primer cuadro del puerto, donde varios edificios históricos en proceso de restauración enfrentan condiciones similares.
La Universidad Veracruzana es la institución de educación superior más importante del estado, con una presencia histórica en el desarrollo cultural, artístico y académico de la región.

Que la UV tome las riendas de este inmueble es una señal de que el proyecto tiene vocación de largo plazo y no se quedará en el papel.
Convertir el ex penal de Allende en un Centro Cultural de Artes representa una apuesta por resignificar un espacio que cargaba con una imagen pesada: la del encierro, el abandono y la marginalidad.
En su lugar, la idea es que ese mismo edificio se convierta en un punto de encuentro para el arte, la cultura y la formación académica de las nuevas generaciones veracruzanas.
El proyecto también tiene un componente urbanístico importante. El primer cuadro de Veracruz ha sido objeto de múltiples esfuerzos de revitalización en los últimos años, y la recuperación de este inmueble histórico puede convertirse en un ancla cultural que atraiga actividad y visitantes a una zona que lo necesita.
Falta ver los plazos definitivos de entrega, la programación académica y cultural que la UV tiene contemplada, y de qué manera se resolverá el tema de las personas en situación de calle en los alrededores.
Pero lo que ya es un hecho es que el ex penal de Allende, con casi 120 años de historia a cuestas, está escribiendo un capítulo nuevo.