La industria porcícola en Veracruz atraviesa uno de sus momentos más complicados en años recientes y se dice en crisis tanto a nivel estatal como nacional.
Productores dedicados a la crianza y comercialización de cerdo advierten que la combinación de importaciones crecientes, costos de producción disparados y una informalidad enquistada en el sector los está llevando al límite.
Juan Miguel Ríos Andrade, representante de la Asociación Virtual de Porcicultores, señaló que la actividad del sector ha caído un 30 por ciento. Y si la tendencia no cambia, para finales de 2026 esa caída podría escalar hasta el 45 por ciento. Es decir, casi la mitad de lo que se producía podría desaparecer en apenas un par de años.
Hasta hace poco, el principal factor para los porcicultores locales eran las importaciones provenientes de Estados Unidos. Ese flujo de carne sigue siendo significativo, pero en lo que va de 2025 apareció un nuevo competidor que complicó aún más el panorama: Brasil.
La llegada de carne de cerdo brasileña al mercado mexicano desde principios de este año ha agravado la presión sobre los productores nacionales, quienes ya de por sí luchaban contra precios que difícilmente pueden igualar.
En México, el consumo promedio de carne de cerdo supera los 22 kilos por persona al año. De ese total, la mitad llega del extranjero. Es decir, uno de cada dos kilos que un mexicano consume proviene de fuera del país.
Para un productor veracruzano que intenta competir en ese escenario, los números simplemente no cuadran.
Uno de los aspectos que más pesa en la ecuación es el costo de producción, particularmente la alimentación del porcino.
"Tenemos que ser sinceros: la producción de las grandes empresas no les hace tanto daño porque al comprar en consolidado compran en grandes cantidades lo que son los insumos para producir la carne de cerdo. Para un porcicultor la inversión más grande es la nutrición del animal, estamos hablando que un 70 u 80 por ciento se va en el alimento y hoy en día el maíz, los insumos están carísimos".
La diferencia entre un gran productor integrado y un pequeño porcicultor veracruzano es abismal. Las empresas grandes negocian volumen y acceden a insumos más baratos.
El productor pequeño, en cambio, compra lo que puede, cuando puede, al precio que le toca. Y en un entorno donde el maíz y los demás insumos están por las nubes, ese margen se reduce hasta casi desaparecer.
Más allá de los precios internacionales, hay un problema estructural que el sector no ha logrado resolver: la informalidad.
Una parte importante de la producción porcina en Veracruz sigue siendo de traspatio, sin tecnificación, sin estándares sanitarios elevados y sin la profesionalización que exige un mercado cada vez más competitivo y exigente.
El entrevistado afirma que esa falta de calidad en la producción nacional es uno de los factores que impulsa a los consumidores y comercializadores a preferir carne importada.
No es solo una cuestión de precio: también hay una brecha real en términos de presentación, uniformidad y cumplimiento de normas que la carne extranjera, especialmente la estadounidense y la brasileña, cubre mejor que muchos productores locales.
Entre los factores que frenan al sector se pueden identificar claramente:
Ante este panorama, el representante de los porcicultores planteó al gobierno estatal de Veracruz una ruta concreta: abrir mesas de diálogo con los productores afectados y, a partir de ese trabajo conjunto, construir un modelo de producción que permita a los pequeños y medianos criadores alcanzar los estándares de calidad que el mercado demanda.
Indicó que el producto local tiene ventajas logísticas y de frescura que ninguna importación puede igualar, pero para aprovecharlas primero hay que resolver el rezago productivo que arrastra el sector desde hace años.
La crisis que hoy enfrentan los porcicultores de Veracruz no es solo económica: es también una señal de que el modelo informal con el que ha funcionado buena parte de la industria ya no es viable.
Las importaciones no van a desaparecer, los costos no van a bajar solos y la competencia no va a esperar. Lo que sí puede cambiar es la forma en que el sector se organiza, se tecnifica y se apoya en políticas públicas que realmente estén a la altura del reto.
Por ahora, los productores esperan que el llamado al diálogo sea escuchado antes de que la caída del 45 por ciento deje de ser una proyección y se convierta en una realidad inapelable.
Foto: Pexels