¿Tu hijo dejó de contarte sus problemas? Esto explica por qué

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Por: Inés Tabal
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Una especialista advierte que los hogares rígidos alejan a los adolescentes y los empujan a buscar apoyo en lugares de riesgo

Hay una señal de alerta que muchos padres no reconocen a tiempo: el momento en que su hijo o hija deja de buscarlos cuando tiene un problema. No siempre es rebeldía. A veces, es que el hogar dejó de sentirse como un lugar seguro.

Eso fue lo que planteó la psicóloga, sexóloga clínica y psicoterapeuta de pareja Erika Cecilia Jáuregui Pérez durante la conferencia "La familia como un espacio seguro para la identidad", impartida en instalaciones de la Cruz Roja. Su mensaje fue directo: la forma en que reaccionamos ante los cambios de los adolescentes puede fortalecer el vínculo familiar o romperlo por completo.

La charla reunió a madres, padres y cuidadores con un objetivo claro: darles herramientas reales para mejorar la comunicación con los jóvenes y acompañarlos en una de las etapas más complejas de su vida.

La adolescencia como un duelo que pocos entienden

Para entender qué pasa dentro de un adolescente, Jáuregui Pérez pidió a los asistentes cambiar la perspectiva. Esta etapa no es simplemente una fase de rebeldía sin sentido: es un proceso profundo de construcción de identidad, en el que los jóvenes comienzan a cuestionar las ideas que heredaron de su familia, forman sus propios valores y desarrollan una visión del mundo que les pertenece.

"El adolescente está viviendo un duelo muy importante porque comienza a separarse de la identidad que construyó dentro de su familia para crear la propia. Es un proceso natural, pero muchas veces la familia lo enfrenta con dureza", dijo Erika Cecilia Jáuregui Pérez, psicóloga y sexóloga clínica

Ese distanciamiento emocional que tanto preocupa a los adultos no nace de la nada. Según la especialista, cuando un adolescente siente que en casa será criticado, ridiculizado o rechazado por lo que piensa o siente, simplemente deja de abrirse. Y entonces busca ese espacio de aceptación en otro lado.

"Si la familia es muy rígida o muy dura con el adolescente, en lugar de acercarse a casa buscará otros espacios donde sentirse aceptado, y no siempre serán los más adecuados", agrgeó Erika Cecilia Jáuregui Pérez, psicóloga y sexóloga clínica

Ese "otro lado" puede ser una amistad problemática, un grupo de riesgo o entornos digitales sin supervisión. La advertencia es seria: el silencio de un adolescente en casa no siempre es tranquilidad, muchas veces es una señal de que ya encontró otro lugar donde hablar.

El error más común: creer que ya no necesitan guía

Uno de los puntos que más resonó entre los asistentes fue cuando la especialista señaló un malentendido muy frecuente en las familias: confundir la apariencia de madurez con independencia total. Porque físicamente parecen grandes, muchos adultos asumen que los adolescentes ya no necesitan orientación.

Jáuregui Pérez desmontó esa idea con claridad. Aunque los jóvenes cuentan con mayor libertad que cuando eran niños, siguen descubriendo el mundo y enfrentando situaciones completamente nuevas para ellos: las primeras relaciones de amistad profunda, la presión del entorno, el contacto con las adicciones, el inicio de la vida sexual y, hoy más que nunca, el peso de las redes sociales.

"Siguen aprendiendo, solo que ahora lo hacen en un contexto con muchos más riesgos. Esa libertad necesita ser acompañada, orientada y educada", explicó Erika Cecilia Jáuregui Pérez, psicóloga y sexóloga clínica

La diferencia con la infancia no es que ya no necesiten a sus padres, sino que ahora necesitan un tipo diferente de presencia: menos control y más acompañamiento.

La herramienta más poderosa no cuesta nada: escuchar sin juzgar

Entonces, ¿cómo se construye ese espacio de confianza en casa? La psicóloga fue específica: no se trata de eliminar reglas ni de estar de acuerdo con todo lo que el adolescente haga o piense. La clave está en algo que parece simple pero que en la práctica cuesta mucho: la amabilidad como actitud constante.

Según Jáuregui Pérez, practicar la amabilidad con un adolescente implica:

  • Escuchar sus ideas sin burlas ni descalificaciones, aunque sean muy distintas a las tuyas.
  • Permitir que exprese lo que siente sin interrumpirlo con juicios o comparaciones.
  • Mantener una mente abierta frente a temas que quizás no te resultan cómodos.
  • Reconocer que su realidad es diferente a la que viviste en tu propia adolescencia.

"No se trata de estar de acuerdo con todo, sino de escuchar sin juzgar. La amabilidad significa respetar su forma de pensar, mantener un criterio amplio y comprender que ellos están viviendo una realidad distinta a la que vivimos los adultos".

Erika Cecilia Jáuregui Pérez, psicóloga y sexóloga clínica

La especialista también señaló algo que puede resultar tranquilizador para muchos padres preocupados: temas como el inicio de la vida sexual o el contacto con las adicciones no son nuevos. Siempre han existido. Lo que ha cambiado es que hoy los adolescentes hablan de ellos con mucha más apertura. Y eso, lejos de ser un problema, puede ser una oportunidad si la familia está dispuesta a escuchar.

El hogar como el primer lugar al que un joven quiere regresar

El mensaje final de Jáuregui Pérez fue una invitación a las familias a hacer una revisión honesta: ¿es tu casa un lugar donde tu hijo o hija puede llegar con sus dudas, sus miedos y sus errores sin sentir que va a ser señalado? Si la respuesta genera incomodidad, quizás es momento de cambiar algo.

No se trata de ser el padre o la madre perfecta, ni de tener todas las respuestas. Se trata de que cuando un adolescente tenga un problema, lo primero que piense sea volver a casa. Eso es lo que construye una familia como espacio seguro, y según la especialista, es la mejor protección que un joven puede tener frente a los riesgos del mundo exterior.

La conferencia, enmarcada en un esfuerzo por fortalecer las dinámicas familiares desde una perspectiva de salud mental, dejó claro que acompañar a un adolescente no requiere ser experto en psicología. Requiere disposición, respeto y, sobre todo, la voluntad de escuchar.

FOTO:IA

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