Desde enero de 2025, la Cruz Roja Mexicana en la delegación Veracruz-Boca del Río trabaja en uno de los proyectos más especializados de su historia reciente: la formación de perros de rescate capaces de actuar en emergencias, derrumbes y catástrofes.
El protagonista principal de esta historia se llama Ónix, un pastor belga malinois que desde los tres meses de edad comenzó a prepararse para convertirse en un elemento de búsqueda y salvamento.
Hoy, con un año y ocho meses de vida, Ónix ya no es el cachorro que llegó a las instalaciones de la institución. Entrena con disciplina dos veces por semana, los jueves y los domingos, en sesiones de entre cuatro y seis horas que incluyen descansos.
David Zebadúa Escalante, coordinador local y estatal de socorros de la Cruz Roja Mexicana, explicó que Ónix aún está consolidando su obediencia básica, la base sobre la que se construye todo lo demás.
Según detalló, los perros de rescate atraviesan distintos niveles de evaluación antes de ser certificados para operar en situaciones reales.
"Es un perro que está ya adquiriendo las herramientas necesarias para ser valorado en el juzgamiento o las pruebas; en los perros hay varias pruebas que se utilizan, principalmente es un estándar de la UNAM; posteriormente hay una prueba que se llama AUI (Acción de Urgencia Internacional); y la máxima prueba para los perros de rescate para trabajo internacional que es la IRO".
La prueba AUI —Acción de Urgencia Internacional— representa un nivel intermedio de acreditación, mientras que la IRO (International Rescue Dog Organisation) es el estándar más exigente a nivel global para perros de rescate que operan en contextos internacionales. Llegar ahí no es fácil ni rápido, y la Cruz Roja Veracruz lo sabe bien.
Una parte fundamental del entrenamiento tiene que ver con algo que los humanos solemos dar por sentado en los perros: el olfato.
Aunque cualquier can lo posee, desarrollarlo hasta el nivel que demanda el trabajo de rescate es una disciplina en sí misma.
"El perro debe tener una obediencia muy buena; aparte debe tener muy desarrollado el olfato, los perros buscan a través del olfato no de la vista, entonces tener que enseñar a desarrollar el olfato del perro, después de los dos años el perro ya tiene la madurez para poder trabajar de forma correcta ya sea en grandes áreas o escombros".
Este punto es clave: la edad de dos años marca un parteaguas en la vida de un can de trabajo. Antes de esa frontera, el animal puede aprender y practicar, pero no tiene aún la madurez cognitiva ni física para responder con consistencia en escenarios de alta exigencia. Por eso, aunque Ónix avanza bien en su proceso, las pruebas formales de certificación tendrán que esperar un poco más.
No todos los perros que inician este camino lo terminan. La selección es rigurosa y la raza juega un papel determinante. El pastor belga malinois no es una elección al azar. Se trata de una de las razas más valoradas en el mundo para tareas de seguridad, búsqueda y rescate, gracias a su combinación de energía, inteligencia, obediencia y resistencia física. Cuerpos de élite, fuerzas especiales y organizaciones humanitarias de todo el planeta los utilizan precisamente por esas características.
Y mientras Ónix avanza en su proceso, la institución ya tiene en casa a su próximo proyecto: Hunter, un cachorro de la misma raza que llegó con apenas dos meses y medio de vida.
Por ahora, Hunter no entrena en sentido estricto. Su etapa actual es la de socialización y adaptación, que es el primer eslabón de una cadena que, si todo va bien, lo llevará años más tarde al mismo camino que recorre Ónix hoy.
Tener dos perros en distintas etapas de formación permite construir una unidad canina con continuidad, donde mientras uno está listo para operar, el otro ya viene desarrollándose como relevo.
Veracruz es un estado con exposición permanente a fenómenos naturales: lluvias intensas, inundaciones, deslaves y la amenaza latente de sismos. Contar con perros de rescate certificados es una herramienta concreta de respuesta ante emergencias.
Cuando los escombros sepultan a una persona y los medios tecnológicos tienen límites, un perro de rescate entrenado puede marcar la diferencia entre encontrar a alguien con vida o no.
Por eso, cada sesión de entrenamiento de Ónix los jueves y domingos es la construcción paciente de una capacidad que, cuando llegue el momento, podría significar mucho para alguien atrapado bajo los escombros en cualquier rincón del estado.
La Cruz Roja Mexicana en Veracruz avanza en este proyecto. Ónix y Hunter son, hoy, dos nombres propios detrás de una apuesta institucional que ha llamado la atención.