Entre tristeza y solidaridad: la labor de un joven con perritos muertos conmueve en Veracruz

Imagen Entre tristeza y solidaridad: la labor de un joven con perritos muertos conmueve en Veracruz

Por: Joel Cruz

Hay historias que aparecen en el timeline de redes sociales y simplemente no te sueltan. La de Alejandro Herrera es una de esas.

Este joven veracruzano se ha ganado el corazón de miles de personas en redes sociales no por un baile, no por un reto viral, sino por algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más profundo: se dedica a recoger y enterrar a los perros que mueren atropellados o por enfermedad en las calles de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, completamente solo y con sus propios recursos.

Una tarea que muchos voltean a ver y prefieren ignorar. Él no.

Un video que lo cambió todo

Todo comenzó hace varios meses, cuando Alejandro subió a sus redes sociales un video haciendo algo que, en el fondo, cualquier persona con sensibilidad quisiera hacer pero pocos se atreven: levantó el cuerpo de un perrito que yacía sobre la vía pública y lo enterró dignamente. Sin aspavientos, sin discursos, sin pedir reconocimiento. Solo pico, pala y voluntad.

Las imágenes corrieron por Facebook, TikTok y otras plataformas digitales con una velocidad que él mismo probablemente no anticipó. Y con la viralidad llegó algo que cambió la dinámica de lo que hacía: los reportes. Varias personas comenzaron a escribirle para avisarle de otros canes atropellados o muertos en distintas calles y avenidas de la ciudad.

Alejandro Herrera se convirtió en una especie de servicio informal de atención a animales muertos en la vía pública, cubriendo un hueco que, hay que decirlo con todas sus letras, nadie ha logrado atender de manera efectiva.

Chaleco fluorescente, cubrebocas y mucho estómago

La labor no es sencilla. Alejandro no llega a una escena limpia y ordenada. En muchos casos, los animales llevan horas o incluso días expuestos a la intemperie, lo que significa que los ha encontrado en estados avanzados de descomposición, con gusanos incluidos.

Para protegerse, usa un cubrebocas que le permite trabajar sin inhalar directamente los olores que expiden los cuerpos. Es un detalle pequeño que habla de que esto no es un impulso del momento, sino una actividad que ha ido perfeccionando con el tiempo.

Cuando los reportes lo llevan a tramos carreteros, donde los vehículos circulan a alta velocidad, la cosa se complica todavía más. Por eso ha incorporado a su equipo un chaleco fluorescente antireflejante, el tipo que usan los trabajadores de obras viales, para que los conductores puedan distinguirlo y no representar él mismo un riesgo sobre el asfalto.

Su método de trabajo es consistente y respetuoso:

  • Localiza el cuerpo del animal en la vía pública o en tramos de carretera.
  • Busca un espacio cercano donde no haya concreto ni pavimento.
  • Con un pico y una pala, excava un hoyo suficiente para dar sepultura digna.
  • Entierra al animal en el mismo sitio donde fue encontrado.
  • Se desinfecta las manos con gel antibacterial al terminar.

Ese último punto merece una pausa. En una publicación reciente, Alejandro llegó a pedir donaciones de gel antibacterial porque lo necesitaba para poder seguir haciendo su labor con las condiciones mínimas de higiene. 

Lo que su historia nos dice sobre Veracruz

La historia que se ha viralizado refleja dos cosas al mismo tiempo: por un lado, que existe una comunidad enorme en Veracruz que valora y agradece el trato digno hacia los animales. Por otro, que esa necesidad existe precisamente porque nadie más la está cubriendo de forma sistemática.

Los perros atropellados en avenidas concurridas o vías de alta circulación son una realidad cotidiana en la zona metropolitana. Permanecen sobre el asfalto durante horas, a veces días, hasta que alguien los mueve o la naturaleza hace su trabajo. Que un joven sin recursos ni respaldo institucional haya decidido hacerse cargo de eso, solo, es tan admirable como revelador.

Una comunidad digital que lo respalda

Desde que se volvió conocido, Alejandro no ha parado. Los mensajes que le llegan a través de sus redes sociales funcionan ahora como una red de alerta ciudadana espontánea. Vecinos que salen a la calle y encuentran a un perrito muerto ya saben a quién avisarle. Eso, en términos prácticos, convierte su perfil en algo parecido a un centro de operaciones informal para la atención de fauna urbana fallecida.

La respuesta de la comunidad digital veracruzana ha sido de apoyo genuino. Comentarios de aliento, compartidos masivos y, en algunos casos, personas que se han ofrecido a acompañarlo o a donarle insumos básicos para que pueda continuar.

Nadie le paga. No tiene uniforme oficial ni credencial de ninguna dependencia. Tiene una pala, un chaleco de seguridad, un cubrebocas y las ganas de hacer algo que considera correcto.

En un mundo donde el contenido viral suele premiar lo superficial, la historia de este joven veracruzano es un recordatorio de que a veces lo que más mueve a la gente es, simplemente, alguien haciendo el bien sin buscar nada a cambio.

 

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