El uso de agentes químicos para dispersar manifestaciones puede tener consecuencias que van más allá del ardor en los ojos y la dificultad para respirar. Aunque el gas lacrimógeno suele provocar síntomas temporales, una exposición intensa o prolongada puede causar lesiones graves e incluso poner en riesgo la vida.
Las recientes protestas en Guadalajara, Jalisco, y las movilizaciones en Francia han vuelto a poner bajo escrutinio las actuaciones policiales durante las manifestaciones y los riesgos que enfrentan quienes participan en ellas.
En Guadalajara, el gobernador Pablo Lemus reconoció que hubo uso excesivo de la fuerza policial y detenciones injustas durante una protesta relacionada con la contaminación del agua. En Francia, las movilizaciones por el costo de vida y las condiciones educativas han derivado en enfrentamientos entre manifestantes y policías.
De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), los agentes utilizados para el control de multitudes irritan los ojos, la nariz, la boca, la garganta, los pulmones y la piel.
Los síntomas pueden aparecer en cuestión de segundos e incluyen:
Ardor intenso, lagrimeo y visión borrosa.
Tos, sensación de ahogo y dificultad para respirar.
Irritación de garganta, náuseas y vómitos.
Enrojecimiento, erupciones y quemaduras en la piel.
Los efectos generalmente disminuyen entre 15 y 30 minutos después de abandonar la zona contaminada y retirar el agente de la piel. Sin embargo, su duración y gravedad dependen de la sustancia, la cantidad inhalada, el tiempo de exposición y las condiciones del lugar.
Sí. La exposición a concentraciones elevadas o durante periodos prolongados puede provocar lesiones en la córnea, cicatrices oculares, cataratas, glaucoma y problemas respiratorios persistentes, como asma.
El riesgo aumenta en espacios cerrados, donde los agentes químicos pueden acumularse y dificultar que las personas escapen de la nube irritante. También debe considerarse el peligro de los cartuchos o granadas utilizados para dispersar estos productos, que pueden causar lesiones por impacto.
Una revisión sistemática publicada en 2017 en la revista BMC Public Health documentó lesiones graves, discapacidades permanentes y muertes asociadas con agentes irritantes empleados para controlar multitudes, incluidos el gas lacrimógeno y el gas pimienta. Los investigadores identificaron como factores de riesgo la exposición prolongada, las altas concentraciones y el uso en espacios cerrados.
Estos resultados no significan que todas las personas expuestas sufrirán daños permanentes, pero sí muestran que estos productos no están exentos de riesgos.
Las recomendaciones sanitarias indican alejarse de la nube química, buscar aire fresco y evitar frotarse los ojos. Si hay contaminación ocular, se deben enjuagar con abundante agua limpia o solución salina; la piel debe lavarse con agua y jabón.
La dificultad respiratoria intensa, el dolor en el pecho, la pérdida de visión o el dolor ocular persistente requieren atención médica inmediata.
En manifestaciones multitudinarias, el riesgo también depende de si las personas tienen una ruta de salida segura y de si pueden alejarse del agente químico.
El uso de gas lacrimógeno busca incapacitar temporalmente a las personas mediante la irritación, pero sus efectos no siempre son pasajeros. La concentración, la duración de la exposición y las condiciones en que se utiliza pueden marcar la diferencia entre una molestia temporal y una lesión grave.
mb