Un grupo de amautas, conocidos como sabios de la cultura aimara, realizó un desfile por las calles de La Paz, Bolivia, acompañado de cráneos humanos conocidos como ñatitas, como parte de las actividades por la celebración de los difuntos.
La actividad se llevó a cabo este viernes 30 de octubre bajo el nombre de “Ajayu: encuentro de almas y tradiciones 2026”, organizada por la empresa estatal Mi Teleférico, con el propósito de dar a conocer las costumbres ancestrales relacionadas con el culto a los muertos.
La procesión comenzó cerca de la antigua estación de ferrocarriles, donde actualmente se encuentra una de las principales terminales del teleférico de La Paz. Dos mujeres amautas encabezaron el recorrido con vasijas que contenían carbón encendido e incienso, mientras otros participantes hacían sonar caracolas y trasladaban los cráneos en urnas y bases acolchadas.
El culto a las ñatitas es una tradición boliviana que tiene su celebración principal cada 8 de noviembre en el Cementerio General de La Paz. En esa fecha, decenas de personas llevan cráneos humanos adornados con coronas de flores y les ofrecen cigarrillos, música, oraciones y otros presentes, pues existe la creencia de que pueden conceder protección y prosperidad.
Esta costumbre se relaciona con la celebración de Todos los Santos, cuando, según la tradición, las almas de los difuntos regresan el 1 de noviembre al mediodía para visitar a sus familiares y recibir los alimentos y bebidas que les preparan en altares. Al día siguiente, las familias realizan rezos para despedirlas.
El presidente del Consejo Nacional de Amautas, Sergio Chura, explicó que la devoción a las ñatitas y la espera de las almas de los seres queridos forman parte de una tradición ancestral vinculada también con el ciclo agrícola de siembra y lluvia.
Por su parte, el amauta Juan Carlos Ballón relacionó esta práctica con antiguas visitas de comunidades prehispánicas a los chulpares, tumbas andinas a las que acudían para entregar semillas y pedir abundancia y fertilidad.
Durante el recorrido también participaron personas que conservan cráneos humanos en sus hogares. Oscar Arteaga contó a la agencia EFE que tiene más de 200 ñatitas, aunque en esta ocasión llevó únicamente cuatro, a las que identificó con los nombres de José, María, René y Martina.
Arteaga explicó que su relación con ellas se basa en el ayni aimara, un principio de reciprocidad, y señaló que no acostumbra realizar rezos cristianos porque considera que no corresponden a la tradición original.
Priscila Vargas, quien dijo ser propietaria de 22 ñatitas, describió la convivencia con estos cráneos como una relación similar al trato con una persona viva. Aseguró que cada uno tiene características particulares y que, según sus creencias, se manifiestan en sus sueños para advertirle sobre posibles acontecimientos.
La tradición de las ñatitas forma parte de las expresiones culturales y espirituales de comunidades bolivianas que mantienen prácticas ancestrales para recordar y honrar a sus difuntos.
Con información de EFE