El glaciar norte del Pico de Orizaba, también conocido como Glaciar Jamapa, registra una pérdida de espesor de hasta más de siete metros en algunas zonas durante la última década, de acuerdo con mediciones realizadas por investigadores del Centro de Ciencias de la Tierra de la Universidad Veracruzana (UV).
El estudio, dado a conocer por la UV, representa la primera estimación que cuantifica la pérdida de espesor en todo el cuerpo del glaciar y no únicamente en puntos específicos. Las mediciones corresponden al periodo 2015-2025 y forman parte de un seguimiento científico que acumula más de tres décadas de información.
Los investigadores encontraron que la pérdida no es uniforme. En distintas áreas del glaciar se registraron reducciones de uno hasta más de siete metros de espesor, mientras que el promedio para todo el cuerpo glaciar se ubica en aproximadamente tres metros.
En términos de volumen, la pérdida estimada alcanza 1.4 millones de metros cúbicos de hielo, equivalentes a más de 1.3 millones de metros cúbicos de agua. El investigador Víctor Soto Molina señaló que este volumen equivale, como referencia, al consumo anual de agua de una ciudad de entre 30 mil y 40 mil habitantes.
La investigación de la Universidad Veracruzana señala que el glaciar norte del Pico de Orizaba atraviesa una fase terminal, debido a un conjunto de condiciones que dificultan su recuperación.
Entre los factores identificados están el incremento de la temperatura, la disminución de las precipitaciones y una mayor disponibilidad de energía para la fusión del hielo.
Los datos climáticos analizados abarcan de 1990 a 2025. Durante ese periodo se detectó un incremento estadísticamente significativo de aproximadamente 1 grado Celsius en la temperatura de la zona central del glaciar, además de una reducción cercana a 200 milímetros anuales de precipitación.
Otro problema es que parte de las nevadas ocurren durante los meses más cálidos. Debido a las variaciones de temperatura en las zonas superiores a los 4 mil 500 metros sobre el nivel del mar, la nieve puede derretirse pocas horas después de caer, impidiendo que se acumule y se transforme en hielo permanente.
La reducción no solamente se observa en el espesor. Entre 2019 y 2026, el frente del glaciar se desplazó aproximadamente 200 metros, mientras que las imágenes y mediciones comparativas muestran la aparición de zonas de roca que anteriormente estaban cubiertas por hielo.
La pérdida del glaciar también tiene implicaciones para el agua disponible en las comunidades ubicadas alrededor del Pico de Orizaba, debido a que parte de los procesos de deshielo e infiltración en las zonas altas alimentan manantiales.
La Universidad Veracruzana advierte que, conforme disminuya el volumen glaciar, también podría reducirse esa disponibilidad de agua, por lo que plantea la necesidad de comenzar a considerar alternativas para las poblaciones que dependen de estos recursos.
El deterioro del glaciar ha sido progresivo durante décadas. Investigaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) señalan que el Pico de Orizaba tenía alrededor de 204 hectáreas de hielo en 1960, mientras que para 2025 se estimaban aproximadamente 37 hectáreas, cerca del 18 por ciento de la superficie registrada entonces.
Otro reporte del Centro de Ciencias de la Complejidad de la UNAM señaló en enero de 2026 que el área glaciar del Pico de Orizaba se había reducido desde alrededor de 3 kilómetros cuadrados en 1958 hasta aproximadamente 0.370 kilómetros cuadrados.
Además, la línea de equilibrio glaciar —la zona que determina dónde las condiciones permiten conservar la nieve durante todo el año— ha ascendido considerablemente. En el Pico de Orizaba pasó de alrededor de 4 mil 640 metros en 1958 a 5 mil 100 metros en 2018, un ascenso de aproximadamente 350 metros en seis décadas.
Aunque especialistas han advertido sobre el futuro del glaciar, la Universidad Veracruzana subraya que no se ha establecido una fecha exacta para su desaparición.
Víctor Soto explicó que los datos muestran un escenario cada vez más adverso, pero que la investigación científica busca documentar la evolución del glaciar mediante observaciones y mediciones, sin realizar pronósticos catastrofistas sobre una fecha específica.
El Pico de Orizaba, ubicado entre los estados de Veracruz y Puebla, conserva el último glaciar que permanece en México. Su retroceso representa uno de los indicadores más visibles de los cambios que están ocurriendo en los ecosistemas de alta montaña del país.
Con información de AVC