Hay arios factores críticos que explican por qué la izquierda ha venido perdiendo terreno en diferentes comicios de América Latina, señala el internacionalista José Joel Peña en entrevista con XEU.
José Joel Peña explica que no se trata de un "fin definitivo" de la izquierda, sino de un desgaste natural y de la naturaleza cíclica de la política, similar a lo que ocurre en la economía. Tras varios años en los que la región giró hacia el progresismo impulsada por demandas sociales de reducción de desigualdades y mayor presencia estatal, ese impulso inicial se ha debilitado debido a las altas expectativas no cumplidas.
El descontento ciudadano radica principalmente en que muchos gobiernos de izquierda no lograron transformar las expectativas de la población en resultados concretos en tres áreas fundamentales:
Seguridad: Los ciudadanos priorizan la posibilidad de salir a la calle sin temor.
Crecimiento económico: Se resiente la falta de empleo y de salarios que alcancen para cubrir las necesidades básicas.
Confianza institucional: El desgaste ha sido acelerado por los grandes escándalos de corrupción que han involucrado a gobiernos de izquierda, sus familias y allegados, demostrando que persisten las mismas élites políticas en el poder.
La economía en la región sigue atrapada en una combinación compleja de bajo crecimiento, informalidad laboral y baja capacidad fiscal de los Estados. Casos como los de Argentina (con elevados índices de inflación), Venezuela, Colombia, Cuba y Nicaragua demuestran las fallas en la gestión económica. Aunque la izquierda prometió ampliar los derechos sociales, le tocó gobernar con menos recursos y menor margen presupuestal, lo que terminó erosionando la confianza ciudadana al prometer más de lo que se podía cumplir.
Actualmente, la ciudadanía vota menos por identidad ideológica y más por resultados tangibles. El ciudadano común no se pregunta si una política es de izquierda o de derecha, sino si el sistema de salud funciona o si el gobierno tiene el control del país. Al no llegar las respuestas esperadas, el voto se convierte en un castigo que actualmente golpea a las izquierdas que prometieron una corrección profunda del modelo social, abriendo la puerta a una derecha que aprovecha este momento de coyuntura con discursos de "mano dura".
Con el giro hacia la derecha en países como El Salvador, Costa Rica, Guatemala, Perú, Colombia y Chile, naciones que mantienen gobiernos que se autodenominan de izquierda, como México, se van quedando en una posición ambivalente y de relativa marginación. Esto dificulta la construcción de consensos regionales amplios y estanca bloques de integración como la Alianza del Pacífico.
Conclusión del analista: Esta pérdida de fuerza de la izquierda no debe interpretarse como una victoria definitiva de la derecha, sino como una señal de que la sociedad latinoamericana exige menos ideología y más capacidad de gobierno; es decir, un Estado que realmente funcione y traduzca sus acciones en beneficios directos para la sociedad.