Las imágenes que circulan desde Venezuela tras el doble sismo que sacudió al país son devastadoras, pero no solo por la magnitud de la destrucción: entre los escombros, rescatistas y sobrevivientes han descubierto algo que ha generado indignación masiva. Los pilares y muros de varios edificios, que aparentaban ser de concreto sólido, ocultaban en su interior un material ligero y esponjoso conocido en Venezuela como anime, es decir, poliestireno expandido, el mismo material que en México se llama unicel.
El hallazgo ha encendido las alarmas sobre la calidad de la construcción en Venezuela y ha reabierto un debate profundo sobre la corrupción en los programas de vivienda que se desarrollaron durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Las voces de los afectados no tardaron en alzarse para señalar directamente a ambos expresidentes como responsables de esta situación.
Para quienes no están familiarizados con el término, vale la pena aclarar que en Venezuela la palabra anime no tiene nada que ver con las animaciones japonesas. Así le llaman popularmente al poliestireno expandido (EPS), ese material blanco, ligero y quebradizo que todos conocemos como unicel en México, icopor en Colombia, telgopor en Argentina o simplemente foam en algunos países angloparlantes.
El EPS tiene usos perfectamente válidos en la industria de la construcción: sirve como aislante térmico y acústico, o como relleno no estructural en ciertas aplicaciones específicas. El problema grave surge cuando este material se utiliza como sustituto del concreto y el acero en elementos que deben soportar cargas, como columnas, trabes o muros de carga.
Según han documentado rescatistas en el lugar, varios edificios presentaban una apariencia exterior completamente normal, con acabados de concreto. Sin embargo, al remover los escombros quedó expuesta la realidad: la estructura interna estaba rellena con este material de bajísima resistencia mecánica, incapaz de absorber o distribuir las fuerzas generadas por un terremoto.
El doble sismo que golpeó a Venezuela dejó un saldo preliminar de más de 1,400 personas fallecidas, una cifra que las autoridades y organismos de rescate siguen actualizando mientras las labores de búsqueda continúan entre los escombros de viviendas y edificios derrumbados.
La magnitud del colapso estructural ha llevado a muchos especialistas y ciudadanos a cuestionar abiertamente la calidad de la infraestructura habitacional construida durante las últimas décadas en el país. Venezuela fue escenario de ambiciosos programas de vivienda pública, especialmente bajo el gobierno de Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro, a través de iniciativas como la Gran Misión Vivienda Venezuela, mediante la cual se prometió la construcción de millones de casas y departamentos para familias de bajos recursos.
Ahora, precisamente esas construcciones son las que están en el centro de las acusaciones. Sobrevivientes y familiares de víctimas denuncian que la corrupción durante la ejecución de esos programas habría permitido que contratistas inescrupulosos sustituyeran materiales de construcción de calidad por opciones baratas como el poliestireno expandido, maximizando ganancias a costa de la seguridad de las familias que habitaban esas viviendas.
Las redes sociales venezolanas y la diáspora del país en el exterior han reaccionado con una mezcla de dolor, rabia e incredulidad. Los mensajes de ciudadanos afectados son contundentes: responsabilizan directamente a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro por haber permitido, o incluso propiciado, un sistema de construcción que priorizó la apariencia sobre la resistencia real.
Las críticas se centran en varios puntos que los propios afectados han enumerado:
Hasta el momento, el gobierno venezolano no ha emitido una respuesta oficial específica sobre las denuncias relacionadas con el uso del poliestireno expandido en las estructuras colapsadas.
Lo que está viviendo Venezuela no es solo la consecuencia de un fenómeno natural. Es, en buena medida, el resultado de años de decisiones políticas, corrupción institucionalizada y falta de rendición de cuentas en la gestión pública. Los terremotos, con toda su fuerza destructiva, no distinguen entre una construcción sólida y una fachada hueca. Y en este caso, han dejado al descubierto literalmente lo que muchos venezolanos ya sospechaban: que detrás de las paredes grises había aire, plástico y promesas vacías.
La comunidad internacional sigue con atención el desarrollo de la crisis humanitaria en Venezuela, mientras las labores de rescate continúan y el número de víctimas podría seguir aumentando en los próximos días conforme se accede a zonas más afectadas.
Esta tragedia, dolorosa como pocas, obliga a Venezuela y al mundo a replantear con urgencia los estándares de construcción sismoresistente, los mecanismos de supervisión de obra pública y la responsabilidad que tienen los gobiernos cuando priorizan la propaganda sobre la seguridad de su propia gente.
INCREÍBLE !! Los Pilares de un edificio que se desplomó en Venezuela ???? tras el terremoto estaban hechos de ANIME (Plumavit, Tecnopor, Isopor, Unicel) solo cubiertos de cemento por fuera !! pic.twitter.com/UYm1Hn16sM
— Alerta Mundial (@TuiteroSismico) June 27, 2026