Si pensabas que el Pato Merlín ya lo había dado todo en el Mundial, espera a ver lo que pasó después. La peculiar ave que se robó el corazón de miles de aficionados al fútbol mexicano ahora vive también en las vitrinas de una panadería, convertida en un pan dulce artesanal que está dando mucho de qué hablar en redes sociales y más allá de la Ciudad de México.
Se llaman Merlinconchas, y son exactamente lo que imaginas: una concha tradicional mexicana con forma de pato, decorada con los colores del uniforme verde de la Selección Mexicana. Un bocado que mezcla la cultura panadera del país con el fenómeno viral más entrañable que dejó este Mundial.
La historia de las Merlinconchas arranca, como muchas cosas buenas en México, desde la creatividad popular. La panadería Bestcake CDMX, ubicada en la alcaldía Iztapalapa, fue la que tomó la iniciativa de trasladar al famoso pato del estadio a la charola del horno. El resultado es un pan artesanal que no solo es visualmente llamativo, sino que se ha convertido en una pieza de colección para los fans del tricolor.
Cada pieza está cuidadosamente elaborada a mano, con la silueta característica del pato y los detalles en verde que evocan la playera de la selección. No es producción en masa ni un producto de anaquel: se trata de un artículo elaborado bajo pedido, lo que le da un valor especial y, a la vez, limita su disponibilidad para quienes quieran hacerse de uno.
El precio de este singular pan ronda entre 30 y 40 pesos por pieza, aunque hay que tomar en cuenta que, al ser un producto artesanal y por encargo, tanto el costo como la disponibilidad pueden variar dependiendo del momento y la demanda. No es el tipo de pan que encuentras cualquier día en cualquier esquina.
Para conseguir una Merlinconcha, la ruta directa es acercarse a Bestcake CDMX en Iztapalapa. Dado el revuelo que ha generado en redes, lo más recomendable es hacer el pedido con anticipación y confirmar directamente con la panadería las condiciones de entrega o recogida.
Lo que sí es un hecho es que este tipo de productos de edición limitada tienen vida corta. La fiebre del Mundial pasa, pero mientras dura, este pan es uno de los recuerdos más sabrosos que te puedes llevar de este capítulo futbolero.
Detrás del fenómeno viral hay una historia de emprendimiento que vale la pena conocer. Karla Ivette Gómez, propietaria del Pato Merlín, no se quedó con los brazos cruzados ante la popularidad repentina de su ave. Formalizó el registro de marca ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), lo que significa que tanto el nombre como la imagen del pato están legalmente protegidos.
Este movimiento fue más que una formalidad: es una decisión estratégica que le permite a Karla controlar quién puede usar la imagen del Pato Merlín con fines comerciales. En otras palabras, nadie puede lucrar con el nombre o la figura del ave sin su autorización, lo que incluye ropa, productos de temporada, alimentos o cualquier otro artículo que quiera sumarse a la tendencia.
No es un caso menor. En México, los fenómenos virales suelen ser aprovechados rápidamente por terceros que buscan capitalizar la fama sin pasar por el creador original. Que Karla haya actuado con prontitud para proteger su marca dice mucho de la visión que hay detrás del personaje.
Para entender el tamaño del fenómeno, hay que recordar lo que representó el Pato Merlín durante el Mundial. El ave, que se hizo famosa por aparecer en las inmediaciones de los estadios y convertirse en especie de mascota no oficial del equipo mexicano, generó una ola de contenido en redes sociales que pocas cosas logran en el contexto del fútbol.
Su imagen fue retomada por aficionados, marcas, medios y creadores de contenido de todo tipo. La combinación de ternura, humor y fervor futbolero le dio una dimensión cultural que va más allá del simple meme. Hoy, el Pato Merlín es un símbolo reconocible de esa mezcla tan mexicana de pasión deportiva y creatividad espontánea.
Las Merlinconchas son, en ese sentido, una expresión más de ese fenómeno: un producto que convierte lo viral en algo tangible, comestible y con sabor a tradición. Porque si en México hay algo que une a la gente además del fútbol, es el pan dulce.
Ya sea que lo vivas como fan del tri, como amante de la panadería artesanal o simplemente como alguien que disfrutó de la historia del Pato Merlín, las Merlinconchas son uno de esos productos que capturan un momento cultural de forma única. Limitadas, artesanales, asequibles y cargadas de significado.
Si tienes oportunidad de pasar por Iztapalapa o de hacer un pedido a Bestcake CDMX, puede que valga la pena hacerse de una antes de que la temporada del Mundial quede solo en el recuerdo. Al menos así, el Pato Merlín seguirá presente, aunque sea en el desayuno.