México ha perdido continuidad en siete evaluaciones educativas nacionales e internacionales, lo que, según especialistas, limita la capacidad de las autoridades para conocer el nivel de aprendizaje de los estudiantes y corregir las políticas públicas del sector.
Con los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación, el país dejó de participar a nivel nacional en mediciones como ICCS, TALIS y ERCE, además de interrumpir pruebas nacionales como EXCALE, ENLACE y PLANEA.
A esto se suma la desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) en 2019 y el posterior debilitamiento de los mecanismos de evaluación asociados a Mejoredu.
Especialistas en educación consideran que esta situación ha reducido las fuentes independientes, periódicas y comparables disponibles para saber qué están aprendiendo los alumnos mexicanos y cuáles son los principales rezagos.
Eduardo Backhoff, expresidente del INEE, calificó la desaparición de las evaluaciones nacionales como una de las decisiones más perjudiciales de las últimas administraciones.
El especialista señaló que estas pruebas permitían conocer si los estudiantes estaban adquiriendo los conocimientos establecidos en los planes y programas de estudio.
Ante la desaparición o interrupción de otras mediciones, la prueba PISA de la OCDE ha adquirido mayor relevancia para conocer el desempeño educativo de México.
Sin embargo, los especialistas advierten que PISA no sustituye las evaluaciones nacionales, debido a que mide competencias generales y no está diseñada específicamente para determinar el dominio del currículo mexicano.
Patricia Ganem, de Educación con Rumbo, sostuvo que actualmente México cuenta con muchas menos fuentes independientes y comparables para evaluar la evolución del sistema educativo.
Erik Avilés, especialista en temas educativos, resumió la preocupación al señalar que “México camina a oscuras” respecto de su realidad educativa.
La falta de mediciones, explicó, dificulta identificar rezagos a tiempo, evaluar el impacto de las reformas, diseñar estrategias de formación docente y determinar si los recursos públicos están generando resultados.
María Teresa Gutiérrez, de Mexicanos Primero, advirtió que sin evidencia resulta difícil mejorar realmente el sistema educativo.
Los especialistas alertan que cada generación que avanza sin evaluaciones comparables representa una oportunidad perdida para detectar problemas y atenderlos oportunamente.
El problema, por tanto, no es únicamente la desaparición de determinadas pruebas, sino la falta de información sistemática para saber qué funciona en las escuelas mexicanas y qué debe cambiarse.
El Universal/ Reforma