La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés) investiga las causas del accidente de un avión privado que se estrelló el pasado domingo 1 de noviembre en una zona residencial de Greenacres, en el condado de Palm Beach, Florida, con un saldo de nueve personas fallecidas.
Uno de los hallazgos que podría aportar información clave a la investigación es la localización de varios fragmentos del elevador izquierdo de la aeronave, una superficie ubicada en la cola que permite controlar los movimientos de ascenso y descenso. Las piezas fueron encontradas en tres partes, a una distancia de entre 2 y 6.1 kilómetros del lugar donde cayó el avión.
El accidente involucró a un Bombardier Learjet 60, que había despegado de Austin, Texas, con destino a Bahamas. De acuerdo con los primeros reportes, la aeronave enfrentó condiciones de turbulencia intensa y acumulación de hielo antes de perder el control e impactarse cerca de Military Trail y 10th Avenue North.
El integrante de la NTSB, Tom Chapman, confirmó el hallazgo de los fragmentos durante una conferencia de prensa el martes 3 de noviembre. Explicó que todavía no se ha determinado si el desprendimiento de esa pieza provocó la pérdida de control o si fue consecuencia de las fuerzas que soportó el avión durante el descenso.
“Lo que eso significa exactamente, en cuanto a qué causó que la aeronave perdiera el control, o si la pérdida de esta pieza fue resultado de las fuerzas sobre el avión, no lo sabemos todavía”, señaló.
El especialista en seguridad aérea Jeff Guzzetti consideró que la distancia a la que fueron encontrados los restos podría indicar que los fragmentos se desprendieron cuando la aeronave ya se encontraba cerca del suelo y no a gran altitud.
La tripulación reportó hielo y turbulencia antes del impacto
Entre los elementos que analiza la NTSB se encuentran las últimas comunicaciones de la tripulación con los controladores aéreos. De acuerdo con los registros, la copiloto Nathalia Gadelha Filgueiras informó sobre la acumulación de hielo en el avión y movimientos bruscos provocados por la turbulencia, que desplazaron la aeronave más de 210 metros hacia arriba y hacia abajo.
En los últimos instantes del vuelo, el avión registró un descenso superior a los 6 mil 100 metros por minuto. En una de las últimas transmisiones, la copiloto advirtió: “Vamos a estrellarnos contra el suelo”. Su comunicación final fue: “Se nos acaba el tiempo”.
Los investigadores también buscan determinar qué información meteorológica tenía disponible la tripulación, qué condiciones mostraba el radar de la aeronave y si recibió alertas sobre las condiciones atmosféricas.
Identifican a las nueve víctimas del accidente
Entre las personas que murieron se encontraban el empresario tecnológico Adam Robinson, su esposa Helen Sharp y los dos hijos de la pareja. También falleció Ana María Ramírez Cetina, quien trabajaba como niñera de la familia.
La tripulación estaba integrada por el piloto Jeff Gregory, de 55 años, quien contaba con décadas de experiencia, y la copiloto Nathalia Gadelha Filgueiras.
El avión era operado por la empresa Upper Jets. Tras el accidente, la compañía informó sobre la pérdida de sus trabajadores y se organizó una campaña de apoyo para los familiares del piloto.
La investigación podría tardar más de un año
La NTSB continúa con el análisis de los restos de la aeronave, videos captados por cámaras de vehículos, testimonios de testigos, registros de mantenimiento y comunicaciones con el control aéreo.
Las lluvias registradas en la zona han dificultado las labores de investigación, debido a que el cráter provocado por el impacto se llenó de agua. Además, alrededor de 600 residentes tuvieron que abandonar temporalmente sus viviendas y una persona que se encontraba en tierra resultó herida.
El organismo prevé publicar un informe preliminar aproximadamente un mes después del accidente. Este documento incluirá los hechos recopilados, pero no establecerá conclusiones sobre las causas.
El informe final, que determinará la causa probable y podría incluir recomendaciones de seguridad, podría tardar entre 12 y 18 meses o más, dependiendo de la complejidad del caso.
Por el momento, la NTSB no ha establecido qué provocó el desplome del Learjet 60 y mantiene abiertas distintas líneas de investigación.