Entre el dolor y la determinación, Obdulia Lorena Hernández García levantó la voz esta semana para que la muerte de su hija Breeydi Annette no quede en el olvido ni se repita en otra familia veracruzana. Convertida en un testimonio urgente sobre la violencia de género, esta madre pidió a mujeres, vecinos y sociedad en general que dejen de mirar hacia otro lado cuando los gritos y los golpes ya son parte del paisaje cotidiano.
La historia de Breeydi Annette es una que, lamentablemente, muchas familias en Veracruz podrían reconocer: una mujer joven, trabajadora, madre entregada, que vivía una relación marcada por los celos y la agresión, mientras quienes la rodeaban normalizaban lo que escuchaban y veían.
Uno de los señalamientos más duros que hizo Obdulia apunta directamente al entorno más cercano de su hija. Según relató, los vecinos le confirmaron que las peleas y los gritos eran una constante en el lugar donde vivía Breeydi Annette, pero nadie hizo nada al respecto.
"Todos los vecinos me dijeron lo mismo, que era ya constante. O sea, ellos lo normalizaron, normalizaron oír gritos".
La madre también reveló que las huellas de esa violencia no solo se quedaban entre las cuatro paredes de su casa. Compañeras de trabajo de Breeydi Annette le contaron que en más de una ocasión llegó con los ojos morados, una señal que tampoco generó una alerta colectiva.
"Mi hija sufría mucha violencia al lado de ese joven, por la celotipia".
La celotipia, es decir, los celos enfermizos y el control obsesivo dentro de una relación, es reconocida por especialistas en salud mental como uno de los principales factores de riesgo en casos de violencia doméstica y feminicidio. Sin embargo, en muchos contextos sociales sigue siendo trivializada o incluso interpretada como una expresión de amor.
Obdulia tocó un nervio profundo de la cultura que rodea a las relaciones de pareja. Con palabras directas y sin rodeos, señaló una de las creencias más arraigadas y peligrosas que siguen circulando entre jóvenes y adultos por igual.
"Desgraciadamente normalizamos eso: 'si no me cela, no me ama', 'si no me pega, no me quiere'".
Esta normalización de la violencia como prueba de afecto es precisamente el terreno en el que las agresiones escalan sin que la víctima, ni quienes la rodean, alcancen a dimensionar el peligro real. Organizaciones de derechos humanos y autoridades especializadas en violencia de género en México han documentado repetidamente que la mayoría de los feminicidios están precedidos por un historial de violencia que fue ignorado o minimizado.
Más allá de hablarle a las víctimas directas, Obdulia amplió su llamado a toda la comunidad. Dejó claro que la responsabilidad de romper este ciclo no recae únicamente en quien vive la violencia, sino también en quienes la escuchan desde el otro lado de la pared.
"Que la gente no normalice esto, que oigan golpes, que llamen al C5, que ayuden a las demás mujeres o a los hombres".
El C5, o Centro de Control, Comando, Comunicación, Cómputo y Calidad de Veracruz, es el número al que cualquier ciudadano puede llamar para reportar situaciones de emergencia, incluyendo episodios de violencia doméstica. En este tipo de casos, una llamada a tiempo puede marcar la diferencia entre una intervención oportuna y una tragedia.
"Oyen un grito, oyen esto, que ayuden. Mujeres, no se dejen". Obdulia Lorena Hernández García
En medio del dolor, Obdulia también quiso que el mundo conociera quién era realmente su hija, más allá de las circunstancias de su muerte. La describió como una joven llena de vida, planes y, sobre todo, un amor sin límites por sus hijos.
"Adoraba a sus hijos, era madre. Era muy buena madre".
Esa dedicación iba más allá del cariño: era también sacrificio cotidiano. Aunque las carencias económicas estaban presentes, Breeydi Annette siempre priorizó el bienestar de sus pequeños.
"Si tenía un pan en la mesa, era mitad y mitad para sus hijos, aunque ella no comiera".
Ese retrato íntimo de Breeydi Annette es también un recordatorio de lo que se pierde con cada caso de feminicidio: no solo una vida, sino una madre, una hija, una trabajadora, una persona con sueños y responsabilidades que ya no podrá cumplir.
A partir de lo vivido por Breeydi Annette, es posible identificar una serie de conductas que expertos en violencia de género señalan como indicadores de una relación en riesgo:
Ante cualquiera de estas señales, las autoridades y organizaciones especializadas recomiendan no esperar a que la situación escale. Buscar ayuda a tiempo, ya sea a través del C5, líneas de atención a víctimas de violencia o acudiendo a instancias municipales de género en Veracruz, puede salvar una vida.
El mensaje de Obdulia es tan claro como urgente. La muerte de Breeydi Annette no debe convertirse en una estadística más. Debe ser, en sus propias palabras, una advertencia que obligue a actuar antes de que sea demasiado tarde.
"Hoy fue mi hija, mañana pueden ser ustedes, pueden ser sus hijas, puede ser un familiar".