Durante décadas llegó a habitar lagunas costeras, desembocaduras de ríos y zonas de manglar de Veracruz y otras partes de México; sin embargo, la intensa actividad pesquera habría llevado al pez sierra (Pristis) a desaparecer localmente del país.
Francisco Serrano Flores, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Ciudad del Carmen, Campeche, explicó que actualmente la especie todavía existe en otras regiones del mundo, pero es considerada de extinción local en México.
Lo sorprendente es que el Acuario de Veracruz mantiene un ejemplar, el cual, de acuerdo con el investigador, sería el único que recuerda actualmente en México.
“La especie existe, pero en otras regiones, no aquí. Por eso que lo tengamos en el acuario es algo muy impresionante y es una oportunidad muy bonita para que vengan a conocerlo”, destacó.
Serrano Flores participa como tallerista en el 1er Congreso Latinoamericano sobre Peces Marinos: Ciencia y Sociedad, realizado en el Acuario de Veracruz.
Aunque por la forma de su cuerpo puede ser confundido con un tiburón, el investigador aclaró que el pez sierra pertenece al grupo de las rayas.
Una de sus características más reconocibles es su largo rostro en forma de sierra, conocido como rostrum. Precisamente esta estructura habría contribuido a convertirlo en una captura vulnerable frente a las redes utilizadas para la pesca.
Serrano Flores explicó que las poblaciones disminuyeron durante décadas debido a la intensa pesca y a la incorporación de redes de monofilamento, en las cuales el rostrum podía quedar fácilmente atrapado.
“Era muy fácil de que se atorara en las redes y se muriera. Entonces, a lo largo de muchos años fue que sus poblaciones disminuyeron hasta el punto de considerarse como extinción local”, explicó.
El especialista recordó que antiguamente estos animales podían encontrarse en lagunas costeras, desembocaduras de ríos y ecosistemas asociados a manglares.
En sitios como la Laguna de Términos, en Campeche, existían condiciones particularmente favorables por sus aguas salobres, manglares, poca profundidad y disponibilidad de alimento.
El investigador aclaró que el problema no es la pesca por sí misma, sino la falta que hubo en su momento de un manejo adecuado de los recursos pesqueros.
Durante su explicación mostró el rostrum de un ejemplar de Pristis, de aproximadamente 50 centímetros de longitud, que habría pertenecido a un animal de entre dos y 2.5 metros.
Sin embargo, señaló que algunos ejemplares podían alcanzar dimensiones considerablemente mayores.
“Esos organismos eran organismos enormes de seis metros. Imagínense, cinco, seis metros”, señaló.
Serrano Flores reveló que en algún momento se consideró la posibilidad de liberar al ejemplar que permanece en el Acuario de Veracruz, pero surgió un problema: el elevado riesgo de que terminara atrapado nuevamente en una red de pesca.
La anatomía del pez sierra lo vuelve particularmente susceptible a quedar enganchado.
“Si lo liberabas hoy, mañana seguro salía en la red de algún pescador, porque es muy fácil que se atore y la cantidad de redes también es muy alta”, comentó.
La reproducción bajo cuidado humano tampoco representa una solución sencilla, debido a las dificultades que tienen tiburones y rayas para reproducirse fuera de su ambiente natural.
Para el investigador, una alternativa de largo plazo sería proteger y recuperar los ecosistemas, además de avanzar en un manejo pesquero que permita eventualmente generar condiciones para el retorno de la especie.
Advirtió que la presión no solamente proviene de la pesca. La pérdida de manglares, las modificaciones de zonas costeras y los cambios de uso de suelo también afectan los hábitats del pez sierra y de otras especies marinas.
Por ello, destacó la importancia de trabajar directamente con las comunidades pesqueras para evitar que otras especies sigan el mismo camino que llevó al pez sierra a desaparecer localmente de aguas mexicanas.