¿Qué pasa por la mente de un multihomicida? Psicólogo analiza aso del tecladista de Camilo Séptimo

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Por: Alexandra Burch
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El multihomicidio que terminó con la vida del tecladista y fundador de Camilo Séptimo, Jonathan Meléndez, su esposa embarazada, su hija pequeña y una trabajadora doméstica ha generado preguntas no solo sobre el móvil del crimen, sino también sobre qué puede llevar a una persona a ejercer un nivel de violencia tan extremo en cuestión de minutos.

Para el psicólogo Jorge Arturo Valderrama Trápaga, el comportamiento del presunto responsable debe analizarse desde distintas dimensiones, particularmente a partir de los antecedentes que se han conocido públicamente y de la forma en que habría ocurrido el ataque.

El especialista señaló que, de acuerdo con la información difundida sobre el caso, el detenido habría estado relacionado con otros negocios y presuntos fraudes, lo que podría revelar un patrón previo de conductas fuera de la legalidad.

Sin embargo, advirtió que no es posible establecer un diagnóstico psicológico preciso sin tener acceso al expediente y a una evaluación directa del acusado.

“Nosotros no tenemos acceso al expediente, lo que nos enteramos solo vía las noticias y los datos que van identificándose”, explicó.

De la frustración a la violencia extrema

Valderrama Trápaga consideró que uno de los elementos que llaman la atención es la manera en que una situación relacionada con una deuda económica habría escalado hasta convertirse en un multihomicidio.

De acuerdo con la reconstrucción difundida del caso, el agresor habría acudido al domicilio con la intención de obtener dinero y una USB relacionada con criptomonedas. Al no conseguir lo que buscaba, la frustración y el enojo habrían aumentado hasta desencadenar la violencia.

Para el psicólogo, este tipo de comportamiento puede presentarse cuando una persona experimenta un nivel elevado de desesperación y pierde la capacidad de valorar racionalmente las consecuencias de sus actos.

“El enojo puede desencadenar violencia a lo absurdo y cometer actos que verdaderamente salen de la razón de cualquier individuo”, explicó.

El especialista también señaló que, por la forma en que presuntamente se desarrollaron los hechos —desde llevar un arma hasta someter a las víctimas— existen elementos que apuntarían a una conducta premeditada.

¿Tenía una enfermedad mental?

Una de las principales dudas después de un crimen de estas características es si el agresor necesariamente padece una enfermedad mental.

Valderrama Trápaga pidió no asumirlo de esa manera.

A su consideración, con la información disponible públicamente no puede afirmarse que el presunto responsable tenga una enfermedad mental ni que haya actuado bajo los efectos de alguna sustancia, pues esos elementos tendrían que determinarse mediante una evaluación especializada.

“Eso tampoco lo sabemos”, señaló al referirse a la posibilidad de que el acusado hubiera estado bajo los efectos de alguna droga.

En cambio, el especialista planteó que podría existir un patrón de personalidad caracterizado por el incumplimiento de reglas, la búsqueda de beneficios económicos y una baja tolerancia a la frustración.

Una personalidad que busca “salirse con la suya”

Otro elemento que llamó la atención del psicólogo son los antecedentes de presuntas actividades fraudulentas que se han atribuido al detenido.

Valderrama Trápaga planteó como hipótesis que podría tratarse de una persona acostumbrada a obtener beneficios mediante conductas ilícitas y a evadir las consecuencias.

“Es muy probable que tenga una personalidad con estas características”, dijo, al referirse a lo que en psicología suele asociarse con comportamientos de tipo antisocial.

No obstante, aclaró que esto no equivale a establecer un diagnóstico clínico de sociopatía, pues para ello sería necesaria una valoración profesional directa.

La hipótesis planteada es que, ante una situación en la que el presunto agresor no consiguió lo que esperaba, la frustración pudo alcanzar un nivel extremo y favorecer una reacción violenta.

Un crimen que también refleja la violencia cotidiana

Más allá de la personalidad del presunto responsable, el especialista consideró que el caso también debe analizarse dentro de un contexto social más amplio.

Aunque el impacto mediático ha sido mayor por tratarse de un músico conocido y de su familia, Valderrama Trápaga recordó que los homicidios múltiples dentro de domicilios y los ataques contra familias se han convertido en hechos cada vez más frecuentes en la información cotidiana.

“La violencia se vuelve cotidiana, lo vemos en las notas periodísticas y pareciera como que pues no pasa nada”, señaló.

Por ello, consideró que la atención no debería centrarse únicamente en tratar de encontrar una explicación individual al comportamiento del presunto multihomicida, sino también en analizar la normalización de la violencia, la impunidad y las condiciones sociales que permiten que este tipo de hechos continúen ocurriendo.

El caso, además de la investigación sobre los responsables y el móvil, deja abierta una pregunta más amplia: ¿qué ocurre en una persona para que una disputa económica termine convirtiéndose en un ataque contra una familia entera?

Para responderla, advierte el especialista, no basta con hablar de “locura” o de una enfermedad mental. Es necesario analizar los antecedentes, la personalidad, el contexto, la frustración y la forma en que el individuo aprendió a relacionarse con las reglas, los conflictos y la violencia.

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