El Obelisco de Veracruz, uno de los monumentos más cargados de historia en el puerto, amaneció la semana pasada con una novedad desagradable: personas no identificadas intentaron arrancar durante la madrugada la placa de bronce que forma parte de su estructura.
El intento de robo encendió las alarmas del Ayuntamiento y provocó que la alcaldesa Rosa María Hernández Espejo instruyera de inmediato la rehabilitación del monumento ese mismo día.
Personal de la Dirección de Espacios Públicos fue comisionado para reinstalar y asegurar la pieza dañada, ubicada en la glorieta de las calles 16 de Septiembre y Mariano Arista, en pleno centro histórico del puerto.
La consigna fue clara: preservar un patrimonio que no solo decora una glorieta, sino que guarda bajo sus cimientos los restos de quienes defendieron a México en distintos capítulos de su historia.
Para entender qué es exactamente el Obelisco, hay que remontarse varias décadas atrás. El investigador y promotor cívico Hiram Becerra explica que en ese punto de la ciudad existió originalmente otro monumento, inaugurado en 1952, que tenía una estética completamente distinta: tres pilastras adosadas, forrado de piedra cantera, nichos cóncavos con piezas escultóricas de militares y figuras heroicas. En su remate superior había una mujer sosteniendo a un niño en brazos, imagen que se interpreta como la Patria abrazando a los hijos que ofrendan su vida por la soberanía nacional.
Ese monumento original convivió durante décadas con el paisaje urbano del centro. Pero en 1998, cuando Ernesto Zedillo gobernaba el país, la historia cambió.
"Es en 1998 cuando la Secretaría de Marina Armada de México decide hacer un nuevo monumento a los héroes veracruzanos y decide derrumbar esta escultura de 1952 y decide levantar lo que hoy en día existe que se llama formalmente Altar a la Patria".
Así nació el actual obelisco, una estructura pétrea de cuatro caras que convergen en punta piramidal, inspirada en la tradición de los obeliscos egipcios que han sido replicados en distintas partes del mundo. Su nombre oficial es Altar a la Patria, aunque en el habla cotidiana del veracruzano sigue siendo simplemente "el Obelisco".
La placa que intentaron robar no es un adorno menor. Está colocada al nivel de las escaleras y forma parte integral de la identidad del monumento. Pero hay además otra inscripción que pocos detienen a leer: un pensamiento del poeta veracruzano Salvador Díaz Mirón grabado en piedra que dice:
"Alza Patria tu grito de victoria y con los fuegos de tu excelso anhelo a la memoria de tus muertos héroes levanta un pedestal que llegue al cielo".
Un verso que cobra un significado todavía más profundo cuando se conoce lo que descansa exactamente bajo ese monumento.
Quizás el dato que más sorprende a quienes pasan a diario frente al Obelisco es que no se trata simplemente de un monumento decorativo: bajo sus cimientos yacen los restos mortales de defensores del puerto de distintas épocas.
El investigador Becerra detalla que el monumento honra a los caídos de por lo menos dos intervenciones distintas, lo que explica por qué Veracruz ostenta el título de "Cuatro veces heroica" por decreto de la Legislatura del Estado.
Del lado que enfrenta hacia el Baluarte de Santiago descansan los restos de héroes de la invasión norteamericana de 1847:
También se reconoce en ese espacio a Ambrosio Alcalde y Antonio García, fusilados en Xalapa, aunque sus restos no se encuentran en el lugar.
En otro de sus costados están los restos de caídos durante la invasión norteamericana de 1914:
La cara que mira hacia el mar hace referencia a los defensores del pueblo veracruzano durante la intervención francesa de 1838. Y el costado que da hacia el malecón rinde homenaje a los caídos en el bombardeo de San Juan de Ulúa en 1823.
"Es decir, este Obelisco está homenajeando a los héroes de las cuatro intervenciones que se tuvieron, de las cuatro veces en que por decreto de la Legislatura del Estado Veracruz es cuatro veces heroica".
Hasta ahora se desconoce el número exacto de restos humanos sepultados en la glorieta. Becerra señala que es posible que la Secretaría de Marina cuente con información más detallada sobre el tema.
La inauguración del actual Obelisco en 1998 dejó también una anécdota que los veracruzanos todavía recuerdan con cierta gracia. Ese día llovía, el piso estaba mojado y el entonces gobernador Patricio Chirinos resbaló durante el acto oficial, dando una media vuelta antes de caer.
Fue el propio presidente Ernesto Zedillo quien lo ayudó a levantarse. Una escena que, involuntariamente, quedó grabada en la memoria colectiva del puerto tanto como el monumento mismo.
El intento de robo de la semana pasada pone sobre la mesa una reflexión necesaria: Veracruz tiene en esa glorieta no solo un ornamento urbano, sino un repositorio físico de su identidad histórica. Un lugar donde la piedra guarda nombres, y bajo la tierra, a quienes los merecieron.