El Mundial 2026, uno de los eventos deportivos más esperados en décadas, arrancó el pasado 11 de junio con la promesa de llenar mesas y cajas registradoras. Sin embargo, en la zona conurbada de Veracruz-Boca del Río, los restauranteros cuentan una historia diferente: las ventas simplemente no han despegado como se esperaba, y la razón principal tiene nombre y precio: los derechos de transmisión.
Abigail Guzmán, presidenta de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y Alimentos Condimentados (Canirac), confirmó lo que muchos dueños de negocios ya venían platicando entre ellos: el costo de los permisos para poner los partidos en pantalla resultó un golpe fuerte al bolsillo, y no todos pudieron o quisieron pagarlo.
"El pago de los derechos era sido muy alto y no se ha visto este vuelco del comensal hacia visitar los restaurantes para verlos; en el caso de los partidos de la Selección (Mexicana) son los que han tenido mayor afluencia".
Dicho de otro modo: la inversión en los derechos no se ha traducido en una derrama económica proporcional. La gente no está saliendo masivamente a ver los juegos en bares y restaurantes, al menos no como ocurrió en ediciones anteriores del torneo. La excepción, como suele suceder en este País, son los partidos de la Selección Mexicana, que sí han logrado mover a los comensales hacia los establecimientos.
En los tres partidos que México ha disputado hasta ahora, los restaurantes de la zona conurbada reportaron un incremento de afluencia estimado en alrededor del 25 por ciento. No es un número menor, pero tampoco es el boom que el sector esperaba cuando el torneo fue confirmado en suelo norteamericano.
Para los establecimientos que sí apostaron por pagar los derechos de transmisión, recuperar esa inversión depende casi por completo de que el Tri siga avanzando. Cada eliminación es, literalmente, un golpe económico directo. De ahí que más de un restaurantero tenga los ojos puestos tanto en el marcador como en su punto de equilibrio.
Un tema que está en el radar del sector es la supervisión por parte del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI). Hasta el momento, no se han reportado inspecciones en establecimientos de la zona para verificar que quienes transmiten los partidos cuenten con el permiso correspondiente.
La presidenta de la Canirac aclaró cómo funciona el proceso: no es algo que las autoridades hagan de oficio ni de manera espontánea. Para que el IMPI pueda actuar en contra de un negocio que transmita sin permiso, primero debe existir una denuncia formal presentada por el propio dueño de los derechos de transmisión. Sin esa denuncia, el instituto no tiene facultades inmediatas para proceder.
Esto pone en una situación peculiar a quienes decidieron no pagar el permiso y de todas formas están poniendo los partidos: técnicamente están en falta, pero mientras el titular de los derechos no los señale directamente, las probabilidades de una inspección son bajas. Sin embargo, el riesgo existe y los socios de la Canirac lo conocen bien.
Con el Salsa Fest ya en el retrovisor, la zona conurbada atraviesa una de las épocas más tranquilas del año en términos turísticos. La afluencia de visitantes cae de manera natural después de los grandes festivales del verano, y eso se siente directo en los ingresos de los restaurantes, bares y negocios de alimentos.
En ese contexto, la justa deportiva era vista como una tabla de salvación, un evento capaz de sostener el flujo de clientes durante semanas. La realidad resultó más modesta de lo planeado.
Aun así, el sector no pierde la esperanza. Los restauranteros y empresarios de la zona ponen sus expectativas ahora en las fiestas de Nuestra Señora de Santa Ana, celebración que históricamente genera un movimiento importante de visitantes y comensales en la región. Esta festividad representa una de las pocas oportunidades que quedan en el calendario para recuperar algo del terreno perdido antes de que concluya el verano.
El panorama que deja el Mundial 2026 hasta ahora para los restaurantes de la zona conurbada de Veracruz es, cuando menos, mixto. Por un lado, los partidos de México han servido como válvula de escape para atraer a los comensales más futboleros. Por el otro, el costo elevado de los permisos de transmisión cortó de tajo las ganancias potenciales para muchos negocios que no contaban con ese presupuesto.
La Canirac seguirá monitoreando el comportamiento del sector conforme avance el torneo. Si México continúa su camino en la competencia, hay margen para que las cifras mejoren. Si no, los restauranteros deberán esperar a que las fiestas de Santa Ana y la segunda mitad del verano les den el respiro que el fútbol, esta vez, no pudo garantizar.
Lo que queda claro es que el entusiasmo por el Mundial existe, pero en la zona conurbada no bastó para vencer la barrera económica que representaron los derechos de transmisión. Un recordatorio de que entre el espectáculo y el negocio, siempre hay una cuenta pendiente.