El obispo emérito de Veracruz, Luis Felipe Gallardo Martín del Campo, afirmó que cuando estuvo al frente de la iglesia católica en la región tuvo que lidiar con las consecuencias de la delincuencia organizada, principalmente las desapariciones forzadas.
Al conmemorar el 25 aniversario de ordenación sacerdotal, el religioso hizo un recuento de los episodios más complejos que se suscitaron en el periodo de su obispado y uno de ellos fue la criminalidad que devastó a la sociedad.
"En mi tiempo, sobre todo en los primeros años, el problema serio eran Los Zetas, Los Zetas tenían invadido Veracruz; me tocó muchas veces ir a esos lugares a donde habían descubierto las fosas, habían rescatado los cadáveres y a celebrar misa con toda esta gente que andaba buscando a sus familiares".
Indicó que afortunadamente nunca fue amenazado por acompañar a las madres buscadoras e instituir el primer domingo de cada mes una misa especial para pedir por los desaparecidos.
"Llegaban aquí con las fotografías, se ponían en la balaustrada y luego aquí venían, les daba yo la palabra de aliento, de ánimo, de esperanza; momentos muy duros, cuando ves que sufre tu pueblo".
También recordó que la lucha en contra de la despenalización del aborto y que emprendió desde su trinchera para buscar que la Constitución no se modificara, fue muy importante.
Además, dijo que las cosas que más le dolieron fueron los errores que cometieron algunos sacerdotes de la diócesis de Veracruz, aunque evitó especificar cuáles fueron.
"Porque son tus colaboradores; tú no puedes gobernar una diócesis si no tienes sacerdotes, ellos son los que están al frente de batalla en todo territorio los que tienen que atender pueblitos y rancherías".
Luis Felipe Gallardo Martín del Campo ofició una misa en la catedral de Veracruz; estuvo acompañado del obispo Carlos Briseño Archa; de Jorge Carlos Patrón Wong, arzobispo de Xalapa; y de otros curas y representantes de la iglesia.