Dormir hasta tarde y retrasar el desayuno durante el fin de semana puede parecer una recompensa después de una semana de trabajo. Sin embargo, un estudio realizado en Francia encontró una posible relación entre cambiar de manera habitual los horarios de alimentación entre los días laborales y los fines de semana y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares en los hombres.
La investigación, publicada en la revista Communications Medicine, analizó los datos de 104 mil 806 adultos que participaron en el proyecto francés NutriNet-Santé. Los participantes fueron seguidos durante una mediana de 8.1 años, periodo en el que se registraron 2 mil 368 nuevos casos de enfermedades cardiovasculares.
Los investigadores denominaron “jet lag alimentario” a la diferencia entre los horarios habituales de alimentación durante los días laborales y los días de descanso. Para calcularlo, analizaron los horarios de la primera y última ingesta de alimentos registrados por los participantes.
Los resultados mostraron que, entre los hombres, una mayor diferencia en los horarios de alimentación entre semana y los fines de semana estuvo asociada con un mayor riesgo cardiovascular.
Por cada hora adicional de diferencia en los horarios de alimentación, los hombres presentaron:
Los investigadores también dividieron a los participantes según el comportamiento de sus horarios durante los fines de semana.
Los hombres que adelantaban sus horarios de alimentación más de una hora presentaron un 44% mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y un 68% mayor riesgo de cardiopatía coronaria, en comparación con quienes mantenían horarios similares durante toda la semana.
En tanto, los hombres que retrasaban sus horarios de alimentación más de una hora durante los días de descanso mostraron un 36% mayor riesgo de cardiopatía coronaria.
El estudio no encontró una asociación clara entre este patrón y el riesgo de accidente cerebrovascular. Tampoco se observó una relación estadísticamente significativa entre el jet lag alimentario y las enfermedades cardiovasculares en las mujeres participantes.
El concepto hace referencia a la diferencia entre los horarios en los que una persona come durante los días laborales y los días de descanso.
Por ejemplo, una persona que desayuna, come y cena a determinadas horas de lunes a viernes, pero durante el fin de semana desplaza considerablemente esas comidas, presenta una mayor variación en su horario de alimentación.
En el estudio, alrededor del 71% de los participantes pertenecía al grupo denominado “mantenimiento”, es decir, mantenía horarios relativamente similares entre los días laborales y los fines de semana.
Cerca del 5% pertenecía al grupo de “adelanto”, cuyos horarios de alimentación eran más tempranos durante los días de descanso, mientras que 24.2% formaba parte del grupo de “retraso”, que comía más tarde durante los fines de semana.
Los investigadores señalaron que el efecto observado se mantuvo incluso después de considerar factores como la calidad de la dieta, la duración del sueño, la hora de acostarse y el llamado jet lag social, relacionado con las diferencias en los horarios de sueño entre días laborales y días libres.
Los autores plantean varias posibilidades, aunque aclaran que todavía no existe una explicación definitiva.
Una de ellas es que los hombres presentan, en términos generales, una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares, lo que podría facilitar la detección de una asociación.
También podrían existir diferencias biológicas relacionadas con el metabolismo, las hormonas y los mecanismos que regulan el reloj biológico. Sin embargo, los investigadores señalan que se necesitan nuevos estudios para determinar por qué esta asociación apareció en los hombres y no en las mujeres.
Los especialistas responsables de la investigación advierten que se trata de un estudio observacional. Esto significa que los resultados permiten identificar una asociación entre dos factores, pero no demuestran que modificar los horarios de alimentación provoque directamente enfermedades cardiovasculares.
Además, los investigadores asumieron que de lunes a viernes eran días laborales y sábado y domingo días de descanso, debido a que no contaban con información directa sobre los horarios laborales de todos los participantes. Esta limitación puede ser relevante para personas que trabajan por turnos o tienen jornadas laborales diferentes.
La población estudiada también estaba integrada principalmente por mujeres y por personas con determinadas características sociodemográficas, por lo que los resultados no necesariamente pueden extrapolarse a toda la población.
Los resultados no indican que desayunar tarde un sábado o domingo sea peligroso por sí mismo.
El hallazgo se refiere a un patrón habitual de diferencias entre los horarios de alimentación de los días laborales y los fines de semana, mantenido a lo largo del tiempo.
Los autores consideran que, si futuras investigaciones confirman estos resultados, mantener horarios de alimentación relativamente constantes durante toda la semana podría ser un elemento más a considerar dentro de las estrategias para cuidar la salud cardiovascular.
Por ahora, el estudio aporta nueva evidencia sobre la posible importancia de cuándo se come, además de qué y cuánto se come, en relación con la salud del corazón.
Fuente: estudio publicado en Communications Medicine.