La demencia digital es un término que hace referencia al deterioro de funciones cognitivas como la memoria, la atención, el lenguaje y la capacidad de concentración, asociado al uso excesivo y temprano de dispositivos digitales.
En el caso de los niños, este fenómeno resulta especialmente preocupante, ya que su cerebro se encuentra en pleno proceso de desarrollo y es más vulnerable a los efectos de la sobreestimulación tecnológica.
El término “demencia digital” fue acuñado y difundido por el psiquiatra y neurocientífico alemán Manfred Spitzer, quien advirtió sobre los posibles efectos negativos del uso intensivo de pantallas en niños y adolescentes.
Spitzer sostiene que la dependencia de dispositivos digitales puede limitar el desarrollo de habilidades cognitivas fundamentales, ya que muchas funciones mentales como memorizar, calcular, orientarse o resolver problemas, son reemplazadas por la tecnología.
En los niños, la demencia digital puede manifestarse a través de dificultades de atención, problemas de memoria, bajo rendimiento escolar, menor capacidad para el pensamiento crítico, retrasos en el desarrollo del lenguaje y una reducida tolerancia a la frustración.
Además, el uso prolongado de pantallas puede afectar la interacción social, el juego creativo y los hábitos de sueño.
Especialistas recomiendan regular el tiempo de exposición a pantallas desde edades tempranas y fomentar actividades esenciales para el desarrollo infantil, como el juego al aire libre, la lectura, la interacción social directa y el aprendizaje activo sin apoyo tecnológico constante.
Un uso equilibrado y supervisado de la tecnología es clave para aprovechar sus beneficios sin poner en riesgo la salud cognitiva de los niños.